el extraño mundo de las relaciones personales

El pasado jueves 20 de abril se cumplieron 40 años de un hecho no menor: el estreno de Annie Hall.

Cuatro décadas desde que vio la luz el filme que puso en el planeta, en el ojo de toda la cinefilia mundial a su guionista/director/protagonista Woody Allen.

Entendamos una cosa, para 1977, Allen ya tenía un prestigio bien ganado como guionista y comediante en el circuito de la comedia stand-up, en televisión y ya había despachado unas cuantas comedias (Bananas, What’s Up, Tiger Lily?, Take The Money And Run, Todo Lo Que Usted Siempre Quiso Saber Sobre Sexo Pero Ha Tenido Miedo de Preguntar y Amor y Muerte: La Ultima Noche de Boris Gruschenko), pero fue con Annie Hall la cinta con la que finalmente fue tomado en serio como realizador, y que definiría los lineamientos generales de su cine posterior.

En esta película, muy autobiográfica (o autorreferente, si prefieren, de hecho Woody y Diane Keaton habían tenido una relación amorosa poco antes), Allen interpreta a Alvy Singer, un comediante neoyorkino incapaz de pasar un momento, sin cuestionar algo o sin desconfiar de todo. Ello lo ha llevado a fracasar con dos matrimonios, y a reflexionar detenidamente cuál es su problema.

A instancias de su amigo Rob (Tony Roberts) conoce a Annie Hall (Diane Keaton), aspirante a escritora, aspirante a actriz y cantante de jazz, y dueña de una personalidad mas relajada y desenfadada, en comparación a la de Alvy, pero curiosamente, no tardan en congeniar, y al poco tiempo inician una relación medianamente estable.

Y digo medianamente, porque así como empezaron a estar juntos, las inseguridades de Alvy por un lado y las ansiedades de Annie por el otro, rápidamente llevaran a su relación a hacer aguas…

Allen define con este filme las que serían las líneas generales de su filmografía posterior, estableciendo además los que serán los grandes temas que recorrerán su obra: el amor con sus altas y sus bajas, la sexualidad, el psicoanálisis, la intelectualidad y la relación entre el hombre y su carrera. Allen trata estos elementos alzándolos a la altura de grandes problemas de la humanidad (¿bah?¿acaso no lo son?) con el suficiente humor para que su relato nos resulte atractivo.

Annie Hall es abundante en elementos como el uso de flashbacks, diálogos con la cuarta pared, cameos, juegos visuales (una de las escenas claves de la película transcurre en dos lugares distintos a la vez que terminan por unirse) y hasta una secuencia animada. Elementos que no se habían utilizado hasta entonces en un filme esencialmente de comedia (y si se usaron, no resultaron como se esperaba) y que Allen mezcla con la sutileza y precisión pertinentes para que nos divirtamos, pero también nos pongamos en la situación de sus personajes y nos planteemos sus preocupaciones.

Las cuales no son otra cosa que la complejidad de las relaciones humanas. Relaciones personales en general: entre hombres y mujeres, amistosas, afectivas, románticas, hasta las enemistades. Allen intenta responder que es lo que hace que estas relaciones funcionen o fracasen, y porque el ser humano necesita tanto de ellas.

Annie y Alvy no solamente protagonizan no solo los dilemas propios de las relaciones de pareja, sino también encarnan las dificultades que el ser humano debe enfrentar consigo mismo, con su propia naturaleza. Vivir con uno mismo, no es fácil. Las extrañas personalidades de ambos llevan su relación al naufragio, en cuanto cada uno quiere imponerse al otro. Sin embargo, ninguno es capaz de enfrentarse a sí mismo o misma, tratar de sobreponerse a la ansiedad ella y a la inseguridad el, reconocer que tienen este problema y ceder, aunque sea un poco, en pos de salvar lo que existe entre ellos.

Con una leve ventaja para Annie, Alvy ha llegado a un punto en que le resulta imposible disfrutar un poco las cosas (no en vano, Allen intentó llamar a esta película Anhedonia, en relación a la incapacidad psicológica de disfrutar o sentir satisfacción). El propio Alvy lo reconoce, al citar esa célebre frase “Nunca me incorporaría a un club que me aceptara como socio”.

Así, Annie Hall funciona como un buen punto de partida desde el cual comenzar a analizar la naturaleza humana desde el punto de vista de las relaciones, y porque siempre terminamos necesitando relacionarnos de una u otra forma con el prójimo. Porque le dan sazón a la vida, haciéndola más divertida, más llevadera, en fin.  Cuando uno es capaz de aceptar eso, felicitaciones. Quizás no serás más feliz, pero si mucho más sano. Algo es algo.

De hecho, Woody Allen y Diane Keaton, pese al quiebre amoroso, mantuvieron una amistad y una relación laboral bien potente durante largos años…¿se repite lo mismo entre Annie y Alvy? Véala y decida usted.

Ahora, si usted no quiere ser psicoanalizado o psicoanalizar por o a nadie, y solo quiere ver una película, Annie Hall sigue siendo para usted. Cuatro premios Oscar (mejor película, director, actriz y guion original), 2 Golden Globes, 5 Baftas, entre otros galardones, un status de culto que ha mantenido –y crecido- a lo largo de los años avalan a esta gran comedia, imitada jamás igualada, y que marcó, a fuego, el nombre de su realizador en la historia del cine.

****

ANNIE HALL

Director: Woody Allen

Interpretes: Woody Allen; Diane Keaton; Tony Roberts; Carol Kane; Paul Simon; Shelley Duvall; Christopher Walken

Comedia

1977

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

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