ese largo round que es la vida

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Dentro de las películas que tengo anotadas en la lista para ver dentro de las próximas semanas, con varios asteriscos al lado para resaltarla, está Creed, la cinta que reencuentra a Sylvester Stallone con Rocky Balboa, uno de sus personajes más célebres, esta vez en un papel secundario. Me gusta la saga Rocky, encuentro que es uno de los íconos cinematográficos más entrañables de todos los tiempos, por lo que Creed está en mi lista de prioridades desde hace rato.

La inminencia del estreno de Creed, y el repaso de este blog hace un tiempo atrás me hizo darme cuenta que tenía una deuda pendiente, que es lo que pretendo hacer en esta ocasión.

Porque para entender la importancia que le damos a Creed, tenemos que entender primero la que le dimos en su oportunidad a Rocky.

Todos conocemos más o menos la historia. Rocky Balboa (Sylvester Stallone) es un joven de los bajos fondos de Filadelfia. Bueno para los combos, de poco seso pero gran voluntad, y sin mucha urgencia por el futuro, Rocky se gana la vida cobrando deudas para un usurero local, y boxeando en una liga amateur muy menor, donde ha logrado cierto renombre.

Sólo dos cosas mantienen el mundo de Rocky en orden: su diaria rutina de entrenamiento matinal, y Adrian (Talia Shire) la tímida dependienta de una tienda de mascotas, hermana de su viejo amigo Paulie (Burt Young), a quien ama.

Al poco tiempo, Rocky es convocado por el campeón mundial de peso completo Apollo Creed (Carl Weathers) quien, pese a su popularidad vive una crisis de credibilidad por la calidad de sus rivales, y ha decidido enfrentar un púgil desconocido y sin grandes compromisos para levantar su imagen. Rocky accede, pero el desafío lo sobrepasa, por lo que busca a “Mighty” Mickey Goldmill (Burgess Meredith), su antiguo entrenador, quien se distanció de él, cansado de la falta de compromiso del ítaloamericano.

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La carrera de Sylvester Stallone se disparó hasta las nubes con el estreno de Rocky, a partir de un guión escrito por él mismo, inspirado en la carrera de Muhammad Ali. Hasta entonces, Stallone era un actor de segunda línea, normalmente contratado como personaje de relleno, de actitud dura y listo para los puñetazos, situación que cambió tras el estreno de este drama dirigido por John G. Avildsen, donde el boxeo aparece como una excusa para hablar de la vida. O mejor dicho, como una gran metáfora acerca de la vida.

No deja de ser interesante los parecidos entre las vidas de Rocky y del propio Stallone que, sin duda, contribuyeron enormemente al triunfo de la cinta. Ambos, personaje e intérprete, compartían una misma circunstancia, ser víctimas de un desprecio, un ninguneo permanente, uno como púgil del montón devenido en matón sin mucho futuro, el otro como intérprete relegado a papeles de..oh, que les parece..matón.

La única diferencia radica en que Stallone tenía toda la fe en sí mismo, en sus capacidades y en su creación, que lo llevaron a convertirse en el triunfador, mientras que Rocky está tan metido dentro de la basura que ha llegado a considerarlo normal permanecer así.

No digo con esto que Rocky sea un mal tipo. Todo lo contrario, es un buen hombre. Tan bueno, que llega a ser ingenuo, estúpido incluso. Pero no es un mal tipo. Sin grandes pretensiones en la vida, y que se conforma con tener alguien a quien amar y por quien ser amado. Le falta creérsela no más. Por eso es que cada vez que se reencuentra con su mentor, Mickey, éste le repele. No porque le tenga mala vibra, sino que porque sabe lo que el púgil es capaz de dar, y le molesta que no se la crea. Hasta que lo consigue. Rocky agarra confianza y triunfa.

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De ahí que se considere la saga de Rocky es una muy buena metáfora acerca de la vida. La vida de Rocky es un camino marcado por el infortunio, la desgracia, la miseria. Rocky vive en la resignación de vivir lo que le tocó, hasta que descubre un par de faros que le ayudan a salir a flote y buscar otro camino. Uno es Mickey. El otro es Adrian. Entre ambos terminan por ayudar a nuestro héroe a encontrar el camino a la salvación y a la redención. A través de ellos Rocky descubre que hay algo más allá del basural donde uno está metido, que no es tan tonto como cree y que puede optar por algo mucho mejor.

Valió la pena. Rocky se adjudicó el premio Oscar a la Mejor Película, Director y Montaje (sobre todo por la inigualable secuencia de la pelea con Apollo) además de nominaciones en categorías que nadie habría imaginado. Dio pie a una de las sagas más celebradas del cine que, cuarenta años después, como veremos cuando se estrene Creed, se mantiene intacto.

40 años después que se nos sigue poniendo la carne de gallina cada vez que escuchamos Gonna Fly Now, y nos ponemos a pensar que nada ni nadie nos puede derribar.

Si yo fuera entrenador de un equipo de algún deporte X, haría la siguiente prueba: poner a mis jugadores a ver todas las Rocky seguidas. El que no brota una lágrima durante la sesión…no entra en el equipo. Yo no juego con desalmados. Y más allá del ring, de la sangre, del sudor y de los ojos en tinta, lo que exuda Rocky por cada uno de sus cuadros es precisamente eso: alma.

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ROCKY

Director: John G. Avildsen

Intérpretes: Sylvester Stallone; Talia Shire; Burt Young; Burgess Meredith: Carl Weathers

Drama

1976

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

 

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