dos décadas jugando

Esta es la habitación de Andy. Andy es un niño como cualquier otro, con juguetes y mucha imaginación, desde la cual crea las más espectaculares aventuras.

Pero lo realmente interesante ocurre cuando Andy no está. Sus juguetes cobran vida y forman una comunidad de buenos amigos que son liderados sabiamente por Woody (voz de Tom Hanks) un viejo vaquero de trapo con una cuerda que es el más querido entre sus pares, y que reina de manera justa y equilibrada entre los suyos, siendo además el juguete favorito de Andy.

Sin embargo, las cosas están a punto de cambiar cuando, para el cumpleaños de Andy, éste recibe de regalo a Buzz Lightyear (voz de Tim Allen), un sofisticado juguete de acción que se ha tomado muy en serio su papel de “guardián estelar”. La creciente popularidad de Buzz, basada en un equivocado concepto de estar “seguro de si mismo” empieza a golpear fuertemente el ego de Woody, quien buscará la oportunidad de deshacerse del impostor lo antes posible…

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¿Como podemos dimensionar el legado de Toy Story hoy, cumplidos veinte años desde su estreno?

El primer largometraje estrenado por Pixar, un pequeño estudio de animación nacido al alero de Lucasfilm, que fue adquirido poco después por Disney y que tuvo como uno de sus grandes colaboradores al mismísimo Steve Jobs, en su oportunidad no fue un hito menor.

Fue una apuesta a ganador de parte de un estudio que venía haciendo murmullos desde hace un rato atrás, mismo estudio que tanto luchó por ver hecha realidad su obra que, aunque a Disney no le convencía mucho (si, han hecho unos cortos buenísimos, pero ¿una película?¿no será mucho?), pero la estrenó de todos modos. En una de esas…

La apuesta funcionó. Toy Story no sólo anduvo muy bien en taquilla, sino que vino a revolucionar el cine animado, más allá de lo estrictamente tecnológico. Partiendo por establecer las grandes bases de lo que podríamos llamar el método Pixar, o el universo Pixar: hacer películas que entretengan a los niños, pero que lleguen al corazón del adulto.

Es decir, nuestro público objetivo es el niño, pero no podemos olvidar que hay un adulto que paga una entrada, algo hay que darle a cambio.

Esa transversalidad que se volvió tan propia de las películas de Pixar ya estaba presente en esta historia protagonizada por juguetes. Este bien podría ser el plot de una historia de terror, pero resulta ser un trabajo altamente emotivo acerca de la condición humana. Porque por muy de trapo y de plástico que sean los reales protagonistas de la historia, exhudan humanidad por cada una de sus costuras.

Estamos en una historia donde dos egos chocan. Woody y Buzz antagonizan desde el minuto uno, siendo sus propias vanidades quienes ocupan el lugar de los enemigos a vencer. Su propia soberbia. Woody ve amenazado su reino y su popularidad con la llegada del nuevo integrante de la familia, mientras que Buzz, víctima de la misma soberbia, se siente por encima del resto, necesario para los demás, pero que no necesita de nadie. Los dos se terminan pegando un costalazo que los lleva a bajarse del pony, reconociendo sus errores, sus limitaciones y defectos, superan sus diferencias cuando descubren que tienen más en común de lo que estaban dispuestos a asumir.

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El niño queda fascinado por las imágenes, el adulto por la temática. Y por qué no decirlo, el niño capta todo el drama de los personajes también. Así, la apuesta ganó y Disney tuvo que tragarse todas sus aprehensiones.

Y ese es el modelo que Pixar repetiría a lo largo de su casi perfecta carrera. Saliendo del cine ya salimos profesando el tremendo cariño que terminamos por tenerle a la película.

Con Toy Story, Pixar hizo subir los estándares a partir de los cuales el cine de animación estadounidense debía ser apreciado. Ya no sólo se trata de poner animales parlantes actuando chistes o cantando cancioncitas pegajosas con moraleja. Cierto es que no mucho antes la misma Disney elevó estos estándares con filmes como La Bella y La Bestia y El Rey León, pero con Toy Story (y bendito el día en que Disney incorporó a Pixar a su entorno..bendito para Disney, para Pixar y para todos nosotros), no hizo más que ponerse metas más altas para sus futuras producciones.

Partir así de bien podría resultar contraproducente, y así ha sucedido. Directores, actores y otra clase de realizadores que se ven superados por la grandeza de sus obras, al punto que viven en función de igualar ese éxito, yéndose al carajo por el camino. Gracias a los dioses del cine, esto no le ha pasado a Pixar, quienes con los años terminaron entregándonos obras maestrísimas como Monsters Inc, Buscando a Nemo, Los Increíbles, Ratatouille, Wall-E, Up, Intensamente y las propias secuelas y cortos de Toy Story, cuyo cuarto capítulo está en plena producción.

Toy Story fue un muy buen punto donde empezar.

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TOY STORY

Director: John Lassetter

Animación

1995

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

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