dos décadas de fidelidad

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Este es un evento no menor. Por esta época se cumplen 20 años de la publicación de Alta Fidelidad, la fundamental novela generacional de Nick Hornby.

No voy a entrar en detalles respecto de su argumento. De esta novela salió la que terminó siendo mi película de cabecera, dirigida por Stephen Frears y y les doy la lata con ésta última un par de veces al año, al punto que tengo el ritual de verla al menos una vez en dicho período.

Pero ya sabemos como va la cosa: Rob Fleming, un treinteañero –aunque más cerca de los cuarenta- londinense, que vive al tres y al cuatro y es dueño de una disquería especializada en discos de vinilo que subsiste apenas, enfrenta la última de sus tragedias cuando Laura, su novia, decide dejarlo, harta de sus inseguridades y rollos personales. Esto da la ocasión a Rob de revisar su propia vida, mirar las cosas con perspectiva y, en definitiva, poner las ídem en orden.

Alta Fidelidad no tardó en convertirse en un best seller y, más allá de eso, en la novela símbolo de una generación. Pero, a diferencia de lo que pasaba en esa misma época en EEUU donde, fenómeno grunge mediante, la gente se daba cuenta de que no había mucho futuro (y si lo hubo no había espacio para ellos), Hornby llega a un grupo específico de más de una generación: ese tipo de personaje que siempre vio el futuro y la adultez tan lejanos que cuando llegó, los sorprendió desprevenidos, se les apareció de golpe y tuvieron que enfrentarse, sin anestesia, al fin de la adolescencia y al inicio de la vida en serio.

Lo cierto es que Alta Fidelidad no se publicó por primera vez en español sino hasta un buen rato después, vía Ediciones B, poco antes del estreno de la adaptación de 2000 y con ocasión de ella, aunque en un tiraje nada de extraordinario. Por eso, cualquier edición en español que no sea la que Anagrama publicó en 2008, la que finalmente llegó a mis manos, tiene carácter de objeto de culto.

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Creo que eso fue bueno dentro de todo. Pues creo que si hubiera leído la novela en el año de su edición, no me habría gustado tanto.

Pensemos que hacía yo en 1995: segundo año de universidad, escuchaba harta música, leía kilos de cómics y trataba de ver todas las películas posibles. De leer literatura, tiempo no había mucho y, en ese contexto, difícilmente la historia de un treintón casi cuarentón enfrentado a la vida me hubiese pegado como en definitiva lo hizo. Hubiera enganchado con el tema de los vinilos o la cultura pop, pero de ahí a quedar K.O., no estoy tan seguro.

Por eso creo que fue mejor haberlo descubierto casi una década después, cuando vi la película y luego leí el libro, y todo me quedó mucho más claro. Según parece no fui al único al que le pegó de la misma forma. Y al descubrirlo, me sentí mucho mejor.

Necesito que este disco siga girando 20 años más. Nada más espero. Nada menos.

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata.

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