Teletón no somos todos (y menos mal que así sea)

Hace unos años, y como consecuencia de un accidente que tuve al caer de una micro cuando iba a clases a la U, terminé con dos sesiones diarias de kinesiterapia de hora y media por dos semanas.

Lo mío era leve, apenas un esguince que me impedía estirar el brazo izquierdo y que lo mantenía en un perfecto ángulo recto. Pero dolía, vaya que la sufrí durante esas dos semanas.

Una de esas tardes, pensé “Hey, algo así es lo que deben hacer en la Teletón”. Y me sentí culpable. Miserable.

Yo llorando como vieja en velorio cuando hay tanto niño que va a la Teletón todos los días durante gran parte de su vida a aprender a usar las manos, a caminar, a pararse, a tomar un lápiz y escribir su nombre…a cosas que a todos nos parecen tan de todos los días. Y van con una sonrisa enorme en la cara. Una sonrisa llena de esperanza, de fe.

Ahí entendí todo.

Ahí caí en cuenta de lo importante que es una institución como la Teletón para nuestra sociedad. Del bien que hace para la comunidad y para el alma de la nación. Yo soy de los que espera cada fin de año en que no hay elecciones para verla. Que trata de seguirla lo que más puede, y que vibra cuando finalmente se supera la meta.

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Y que saca las garras cada vez que alguien dice algo malo de la Teletón.

Les cuento todo esto a propósito de la misma cantinela de todos los años que hay Teletón.

Que es un tongo para que las grandes empresas bajen impuestos. Y que el gran aporte gran no alcanza a ser un uno por ciento de las utilidades que alcanzan al año.

Que Don Francisco corta un porcentaje de lo recaudado para su bolsillo.

Que es un show que celebra el morbo y el amarillismo para subir el rating.

Que las figurillas de nuestro lamentable star system aprovechan para ganar exposición y amarrarse pega para el verano en festivales y eventos.

Que es la chiva para que el estado una vez más le quite el bulto a la jeringa y siga delegando el problema de la discapacidad en otros.

Que es el minuto en que los zorrones que se lavan la boca con la solidaridad que les inculcaron los padres de no sé donde o las monjas de sepa uno de donde saliero, se hagan los solidarios porque se compraron una docena de six pack de la cerveza auspiciadora de turno (y para ir a comprarla ni se arrugaron en poner el auto nuevo de papi en el espacio…para discapacitados).

Puede que estas críticas sean válidas y sirvan de base para chistes muy divertidos que todos hemos contado alguna vez, pero ¿cuál es el trasfondo de todo ello? ¿Qué se busca con este tipo de comentarios?

Por un lado ratificar que, más allá de las políticas y de las organizaciones sociales con buenas intenciones, nuestro concepto acerca de la discapacidad es lamentable. Vuelvo al ejemplo de ocupar el lugar para discapacitados o que en la gran mayoría de edificios, residenciales, comerciales o institucionales, la infraestructura esté lejos de ser integradora.

Por otro, es curioso que muchas de estas criticas ataquen el ansia de figurar de algunos, cuando lo que más consiguen es saciar las ganas de figurar de quienes las emiten.

Y claro, putear al gobierno de turno por no tener políticas de estado acerca de la discapacidad. Lo concedo, este ha sido un tema eternamente postergado por las distintas administraciones. Pero mientras eso no pase, ¿Qué se hace? ¿Cruzarse los brazos y esperar a que las cosas caigan del cielo? Parece que eso viene en nuestro ADN.

Despotricar contra la Teletón no es negrear un show de televisión, es negrear a una de las instituciones que mejor nos hace como país y que más orgullo nos provoca que haya surgido a este lado del mundo. Es atacar a un puñado de personas que con la mejor de las sonrisas y la mayor de las voluntades prestan su valioso tiempo y recursos para ayudar a otros. Es menospreciar la lucha que día a día libran los miles de niños que se atienden en los distintos centros que la institución mantiene en casi todo el país para superar sus discapacidades, y que no importa cuantas veces caigan, siempre se vuelven a levantar hasta que logran mantenerse en pie y dar un paso. Y otro. Y otro, hasta no detenerse.

Menospreciar a la Teletón, es ofender las caras de todos esos niños que, con una sonrisa nos muestran que la esperanza, la fe, nunca debe agotarse. Y que la constancia y la voluntad son las claves de la victoria.

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Menospreciar a la Teletón no es ser cool. Es ser simplemente un cabrón de mierda y ser un, con perdón de las damas presentes, un hijo de puta incapaz de valorar lo que tiene, hasta que lo pierde y después, con el rabo entre las piernas, anda haciéndose el humilde y pidiendo ayuda.

Un golpe anímico como la Teletón viene de perillas a un país que en un año ha batido su propio récord mundial en el arte de mostrar la hilacha. Un país que se dice solidario porque para el gran incendio de Valparaíso, en marzo, “donó” todo lo que le sobraba. Un país que, antes y después del Mundial de Brasil hizo gala de sus peores defectos, exitista y oportunista primero, chaquetero después. Un país que posa de modernista pero que aparece un libro como Nicolás Tiene Dos Papás y deja ver su verdadera y horrorosa cara de odio. Donde un tipo muere en el incendio de una cárcel por vender discos piratas y un cura bien conectado viola niñas y se gana cuatro años de vacaciones (y encima alega injusticia!). Un país donde hay gente que no quiere una reforma educacional, para no perder el favor de los poderosos a quien vive besándole el trasero. Un país donde el status, la necesidad de suplir con cosas un sinfín de otras carencias lleva a entrar a un mal recién inaugurado como si fuese el último lugar sobre la tierra. Un país donde un hijito de papá se jacta de su clase social como si sólo por eso fuera a ser mejor persona que el resto, y otro invoca que es hijo de un senador para no irse preso por matar, ebrio, a un transeúnte.

Teletón es una de las pocas cosas que nos hacen ser mejor sociedad, un mejor país. Una de las cosas que mejor le hace a la salud de Chile y que más orgullo nos provoca, y que hay que saber cuidarla. Pero, a diferencia de lo que dice su slogan para este año, no somos todos.

Y menos mal que así sea. Hay ratas que simplemente no necesitamos y ayudan más quedándose al margen.

Gracias por su atención.

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fretamalt@hotmail.com   @panchocinepata

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