todo lo que sabemos es mentira

Hace tres meses, el superventas británico Bane Barrow cayó desde el séptimo piso de su hotel en Londres, muriendo al impactar contra un vehiculo que salía del recinto.

Hace unos pocos días, el escritor español Javier Salvo-Otazo, el equivalente hispano de Barrow, fue encontrado muerto en su casa de Toledo.

Esto llama la atención de Elías Miele, escritor chileno residente desde hace años en Estados Unidos, pues no sólo era conocido y amigo personal de sus colegas fallecidos, sino que además se encontraba trabajando en una nueva novela, inspirada en el mismo tema que sus colegas desaparecidos: el misterio de la Cuarta Carabela de Colón.

Buscando información respecto del tema, intentando deducir la conexión entre ambos decesos, entre los borradores de éstos autores y el suyo propio y, de paso, tratar de salvar su vida, Miele descubre una serie de antecedentes que podrían alterar para siempre la historia del continente americano, y una conspiración craneada por una poderosa organización política y religiosa estadounidense…

Lo vengo diciendo desde hace años: la literatura chilena goza actualmente de buena salud, en gran medida por la generación privilegiada que lleva su buen tiempo publicando y haciéndose notar. Autores como Jorge Baradit, Mike Wilson, Francisca Solar, Alberto Rojas, entre otros, han configurado lo que podríamos llamar una nueva narrativa épica y fantástica chilena, que, alimentada más de series de televisión, ciencia ficción, mitología e historia-sobre todo nacional-, conspiranoia, iconos como The Twilight Zone, The X Files, Lost, Star Trek, autores como King, Tolkien, Bradbury, Rowling, Hugo Correa, Lovecraft, Stoker, Alan Moore, Neil Gaiman, Grant Morrison, etc., han dado pie a una generación literaria que rompió todo vínculo con el realismo mágico, con el boom latinoamericano de los ’60 y la nueva narrativa chilena de los ’90. Autores que han recogido nuestra historia (oficial y extraoficial) y mitologías para reinventarlas y crear un rico universo literario.

Fórmula que ha dado excelentes resultados en lo creativo –todavía no he visto ninguna novela de ellos que pueda calificarse como mala, más o menos o regular- como al pasar por caja.

El más reciente exponente de esta nueva fantasía épica local se llama Logia, de Francisco Ortega, que a poco más de dos meses de su lanzamiento, ya lleva una segunda edición, y prácticamente el mismo lapso entre los libros más vendidos en Chile (la mitad de ellos en el segundo o primer lugar, desbancando al gurú de la autoayuda Paulo Coelho, lo que ya es un motivo para celebrar). Y todos los días las redes sociales han reportado al menos una cosa en relación a esta novela.

logia_lautarina

¿Cómo explicar este fenómeno, en un país que, pese a lo que digan los ránkings, se lee poco y, por lo general, sólo las sandías caladas? ¿Cómo explicar el éxito de un autor que, pese a tener dos novelas, dos novelas gráficas y una cantidad respetable de cuentos y guiones en el cuerpo, siga siendo un novato frente a expertos del best-seller chileno como Skármeta, Allende o Fuguet y aún así se haya posicionado dentro del top 10 de las listas de ventas y sea tema de conversación prácticamente desde que se lanzó?

Quizás porque Ortega ha optado por seguir las reglas del best seller que han hecho de autores como Ken Follet, Dan Brown, o Frederick Forsythe nombres reconocibles más allá de las librerías: un crimen, cuya víctima es alguien que sabe demasiadas cosas que pondrían en jaque los intereses de un muy bien conectado y escondido grupo de poder fáctico. Tienes un personaje principal, el cual está lo más alejado posible del héroe prototipo, que termina involucrado en una maraña mucho más grande de lo que es capaz de masticar. Y toma un puñado de secundarios de los cuales ninguno es lo que parece, ni es del todo de fiar. Todo ello sazonado con elementos fantásticos, mitológicos, históricos y conspiranoicos, en la justa medida para atrapar al lector.

Este tipo de literatura, como es de esperar, aterra al ámbito más académico, más catedrático, al cánon de la literatura, pero consigue lo que una edición completa del Quijote escrita tal cual como sale en el borrador escrito por Cervantes no sería capaz: hacer que el lector deje de lado lo que esté haciendo y LEA. Así lo hizo J.K. Rowling con Harry Potter y Dan Brown con la saga de Robert Langdon. En una época donde todo se mide en términos de inmediatez, conseguir que una persona no ligada al entorno literario se entusiasme con un libro o serie de libros es una hazaña. En una época donde por culpa de la “lectura obligatoria” en el colegio le da a la lectura más enemigos que aficionados, reencantar a la gente con los libros, lograr que disfrute con ellos así se trate de mamotretos de 400 o más páginas, es todo un mérito que a los canónicos vaya que les ha costado tragarse.

Aquí es donde entra Ortega y su Logia. Una novela de suspenso, con abundantes datos históricos, que no trepida en jugar con nuestra historia patria, con el legado de nuestros próceres, y con ciertas instituciones que se lee, y se disfruta, con ganas. Una novela donde las sorpresas, vueltas de tuerca y giros están a la orden, donde nada ni nadie es lo que parece. Partiendo por nuestro héroe, Elías Miele, residente en Estados Unidos por casi una década, y no precisamente por razones editoriales (y que se vinculan con elementos y conceptos que, para los conocedores de la bibliografía de Ortega, les resultarán conocidos).

Y si bien es cierto la novela juega mucho con los recovecos y las vueltas de tuerca, Ortega es un narrador bastante capaz de introducir estos elementos, sin hacernos perder nuestro objetivo principal, ni el camino principal que hay que recorrer. Pasa mucho, en series, películas, sagas literarias, que de tanto introducir elementos complementarios, el objetivo del autor-y consecuencialmente de sus lectores- se pierde, se olvida o se convierte en un elemento secundario. No pasa en esta ocasión, pues Ortega se nota que ha aprendido bien las lecciones de Brown, Follet y compañía. Tenemos personajes secundarios, relatos secundarios y hasta una ensalada de locaciones y elementos que, sin embargo, confluyen en hacer aún más atrapante el relato, y resultan útiles y compatibles con el objetivo final.

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Perdonen si les parezco que me he entusiasmado mucho hablando de Logia, pero es que estamos ante una novela que no hay que dejar pasar y que, más allá de lo que las cátedras opinen, constituye un hito en lo que a la actual y poderosa narrativa fantástica nacional se refiere y de lo que se hablará durante largo tiempo. Y no todos los días una novela te vuela la tapa de los sesos como ésta.

Cuando se lee Logia uno puede pensar en una miniserie que nada tiene que envidiarle a True Detective o House of Cards. O en una película. En una novela gráfica o incluso en un videojuego. Todas estas son sus potencialidades, pero por sobre todo ello, estamos ante una gran historia, exponente de un gran movimiento que ha dado una bocanada de aire fresco gigantesca a las letras nacionales. Y que uno no puede sino agradecer.

Logia será relanzado este sábado, a las 20:30 horas, en la Feria del Libro de Santiago.

LOGIA

Francisco Ortega

Planeta, 2014

514 páginas.

logia_portada

fretamalt@hotmail.com @panchocinepata

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