sólo quería ser un mariachi

Con una carrera más bien dedicada a los secundarios y a los videojuegos, no es de extrañar que la muerte del actor Peter Marquardt haya pasado desapercibida para muchos, excepto para aquellos que hace poco más de dos décadas quedamos pegados cuando descubrimos una película hecha con el vuelto del pan: El Mariachi, del entonces debutante Robert Rodríguez, en la que Marquardt encarna a Moco, el villano principal de la historia, cinta que se puede apreciar tanto como objeto de culto como de clásico del cine independiente que afloró durante los ’90, y que vale la pena repasar de vez en cuando.

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Esta era la historia de un Mariachi, sin nombre (Carlos Gallardo) que llegaba a un pueblo del norte de México, cerca de la frontera, sin más equipaje que su guitarra, buscando trabajo como músico en algún bar de la ciudad.

Sin embargo, los problemas comenzarán cuando sea confundido con Azul (Reinol Martínez), un narcotraficante recién fugado de prisión, quien llega a la ciudad asesinando uno por uno a los hombres de Mauricio, o Moco (Marquardt), el jefe que lo traicionó en el pasado, enviándolo a la cárcel y robándole su parte en un cuantioso botín.

Y todo porque Azul viste del mismo color del Mariachi, y porta un estuche de guitarra, repleto de toda clase de armas blancas y de fuego.

La precariedad de El Mariachi se nota a kilómetros, principalmente por sus evidentes falencias técnicas, actorales y hasta narrativas (algunas secuencias rayan derechamente en lo ridículo e inverosímil), pero tiene unas cuantas cosas a su favor.

En su defensa podemos decir que no hay que olvidar que se trata de un filme debut, y sobre todo, entretenido y atractivo para el espectador. Si efectivamente hubiese sido tan mala, como suele ser el promedio de los filmes de bajo presupuesto orientados más a impactar al espectador (sobre todo por sus falencias evidentes) uno no logra entender por qué entonces los organizadores del festival Sundance, así como Columbia Pictures que pagó una millonada en dólares por los derechos de distribución de la película, quedaron K.O.

La historia en sí es interesante (el cuento del pobre diablo metido en un forro de proporciones sólo por haber estado en el momento y lugar equivocados es viejo, pero nada de obsoleto) y Rodríguez, trazando ya las líneas del estilo al que sería fiel incluso luego de tener la industria en sus manos, maneja adecuadamente su desarrollo para que la narración fluya naturalmente y a sus ritmos.

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Pero en definitiva, el gran mérito de El Mariachi, es reflejar el gigantesco amor que su director profesa por el cine. Por la acción, las aventuras y el suspenso, principalmente. Amor por el cine y fe en el cuento que está contando.

Algún tiempo después de haber triunfado con El Mariachi, Rodríguez publicó el libro Rebelde Sin Pasta, en el cual narraba dos asuntos fundamentales. Por un lado, su formación semiacadémica y semi autodidacta como realizador (al igual que sus amigos Quentin Tarantino, Kevin Smith y Eli Roth, Rodríguez se formó fundamentalmente viendo muchas y muchas películas) y por otro, las mil pellejerías que atravesó para reunir capital y filmar El Mariachi. Préstamos, favores personales, trabajos en doble turno, hasta servir como conejillo de indias humano para medicamentos.

El resto de la historia es conocida. Rodríguez se convirtió en parte de la camada de niños mimados de Hollywood de mediados de los ’90 (junto a Tarantino, Smith, Roth) y le abrió la puerta a otro puñado de realizadores sudamericanos (Del Toro, López) y armó una respetable carrera donde intercala, muchas veces exitosamente, filmes de acción o terror (Del Crepúsculo Al Amanecer, Desperado, The Faculty, Planet Terror, Sin City I y su secuela próxima a estrenarse, Machete) con otros más familiares (Spy Kids), producidos por su empresa Troublemaker y de la mano de su ex esposa Elizabeth Avellán, siempre maximizando los recursos, consiguiendo buenos elencos y, en definitiva, pasándola muy bien al filmar.

La cantidad de amigos que ha ganado entre actores, guionistas y realizadores así lo demuestra.

El Mariachi no pudo ser sino el mejor punto desde donde empezar.

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EL MARIACHI

Director: Robert Rodriguez

Interpretes: Carlos Gallardo; Peter Marquardt; Consuelo Gomez; Reinol Martínez; Jaime De Hoyos

Acción

1992

fretamalt@hotmail.com @panchocinepata

un robot en su camino

En el año 2028, tras convertir al Ejército de EEUU en el más poderoso del mundo gracias a sus robots militares, la empresa Omnicorp está a un paso de consolidarse como la mayor de su rubro cuando ponga en actividad policías robots, de no ser porque la opinión pública teme que la inhumanidad de estos autómatas resulte más peligrosa que las amenazas que persigue.

Como solución, su director Raymond Sellars (Michael Keaton) propone la creación de policías robots armados a partir de seres humanos, encomendando su gestación a Dennet Norton (Gary Oldman), su principal ingeniero, seleccionando policías malheridos o mutilados en servicio como conejillos de indias para el prototipo.

Norton encuentra al sujeto perfecto cuando el teniente de la policía de Detroit, Alex Murphy (Joel Kinnaman), un policía idealista, valiente e incorruptible, quien persiguiendo a una organización de tráfico de armas sufre un atentado explosivo que le cuesta tres cuartas partes de su cuerpo…

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Deberíamos inaugurar una sección que se llame “A donde que era tan mala?”

Cierto, cuando uno escucha Robocop inmediatamente piensa en uno de los clásicos de la ciencia ficción y acción ochentera, dirigida por Paul Veerhoven (director irregular, pero que cuando lo hace bien, lo hace realmente bien). Así, el prejuicio contra este remake (o reboot o lo que sea) dirigido por José Padilha era fuerte y difícil de superar.

Pero sale bien parada del reto.

Es cierto que no contrapesa de manera alguna a la recordada película de 1988, y claramente es una versión más light de la misma (de hecho, Robocop es para muchos, la película más violenta salida de Hollywood en su historia, o al menos en la que han corrido más balas), y claramente Joel Kinnaman no tiene la misma presencia que Peter Weller en el papel (este Robocop 2014, más estilizado y longilíneo parece no convencer del todo a no pocos). Así como tampoco convenció a muchos la existencia de una familia Murphy.

Pero incluso, con todo eso, que podría ser defectos insalvables para la película, al final no resultan tan determinantes y Robocop es una película que se deja ver. Entretiene y a ratos hasta entusiasma. La historia está bien planteada, la premisa es lo suficientemente inteligente como para marcar distancias con otros filmes del género, y las actuaciones de Michael Keaton (raro verlo haciendo de malo) y Gary Oldman (ni tan raro, pero si poco frecuente, verlo de bueno), además de la química evidente entre ambos se anotan varios de los mejores diálogos de la película, incluso sin ninguna bala disparándose por ahí.

Sin pretender cambiar la historia (ni creo que dé para tanto en todo caso) Robocop no generará un culto en torno a este remake, pero deja el nombre de la franquicia bien parado, resulta bastante digna a su respecto y deja una buena sensación en el espectador. Como entretención lisa y llana, cumple. Incluso más de lo que se le espera.

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ROBOCOP

Director: José Padilha

Intérpretes: Joel Ninnaman; Gary Oldman; Michael Keaton; Abbie Cornish; Jackie Earl Haley; Jay Baruchuel; Jennifer Elhe; Samuel L. Jackson

Acción

2014

fretamalt@hotmail.com @panchocinepata