flor de hotel

Tras dejar una flor en una tumba, una chica comienza a leer una novela, en la que su autor(Tom Wilkinson) relata la visita que hizo de joven(Jude Law) al Gran Hotel Budapest, ubicado en una región montañosa de la desaparecida república de Zubrowka.

Hoy convertido en un recinto de paso para, mayoritariamente, ancianos, el escritor se entrevista con Zero Moustafa (F.Murray Abraham), actual dueño del hotel, quien le relata una historia que ocurrió cuando era un joven botones (Tony Revolori), cuando Budapest era el mejor y más concurrido hotel de su época, y la aventura que vivió junto a su entonces jefe, mentor y amigo Gustave F.(Ralph Fiennes), una herencia, una valiosa pintura y una inminente nueva guerra mundial…

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Si juzgamos a un hombre y su obra por sus amigos y seguidores, entonces la filmografía de Wes Anderson es como los hipsters que constituyen la mayoría de fans de este autor: payasos de humita, mocasines, bolsón de cuero tipo colegial, en bicicleta, que reniegan del mainstream y el modelo neoliberal y promueven el minimalismo, pero hablando por iPhones, escuchando vinilos tres veces más caros que los de cualquier banda standart y tomando café del Starbucks por litros mientras escriben “poesía” que no son capaces de explicar en tres líneas de sus iBooks de vanguardia.

Y sería una injusticia castigar de esa forma la obra de uno de los directores más interesantes de la actualidad. Cierto, por su estilo y manera de hacer y narrar sus historias es blanco fácil para que hipstes, bohemios y poseros de todas las clases lo hagan su favorito, pero sus logros van más allá de ser el fetiche de estos minimalistas de multitienda. Providencialmente.

Su último trabajo, Gran Hotel Budapest mantiene el nivel al que Anderson nos tiene acostumbrados, y sus características principales: personajes excéntricos en lugares insólitos y situaciones bizarras. ¿Qué más bizarro que un hotel cinco estrellas en medio de las montañas, un gerente experto en seducir ancianas millonarias, su ayudante, la novia de éste, una herencia y un sicario siguiéndoles los pasos? La gracia es que lo que en otros directores sería un ejercicio ininteligible y que sólo sirve para mandar al espectador a dormir –teniendo pesadillas, por cierto- Anderson cuenta sus historias de manera entretenida, lúdica y ágil.

Lo formal, no se come a lo de fondo, si se quiere entender de ese modo. Y sus personajes, así como su estética, por muy recargados que se vean, trascienden de lo que se dejan ver.

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Se agradece que Anderson tenga esa atención con el espectador, y es hasta una forma de respeto hacia el público: poner chistes y situaciones divertidas no vuelve imbécil una película (aunque Adam Sandler y Kevin James nos hagan creer lo contrario) y por otro lado, es consciente que se puede divertir a la gente sin recurrir a obviedades o al mal gusto (sin convertirse en un elitista, por cierto).

Acostumbrado a trabajar con grandes y numerosos elencos, Anderson es además lo bastante capaz de equilibrar la participación de todos y cada uno de sus intérpretes de manera que, salvo en los casos obvios, ninguno robe más pantalla de la que le corresponde. Otros directores se ven muy sobrepasados cuando les toca trabajar con repartos de primera línea. Anderson, lo agradecemos, es muy responsable en ese sentido. Y lo bastante responsable también para que una historia con tanto enredo y tanto disparate en medio no se desarme, no se descontrole y se pueda disfrutar hasta el final.

Y este equilibrio es aún más complicado de lograr cuando todos sus actores consiguen un desempeño de bueno hacia arriba, especialmente el de sus protagonistas Ralph Fiennes (que no es ninguna novedad), y el sorprendente Toni Revolori, cuyo personaje, Zero, a la larga se vuelve el narrador principal y núcleo de la historia que se está contando. Anderson consigue dicho equilibrio y consigue que intérpretes que incluso apenas cruzan un par de diálogos en el filme (su ya habitual Bill Murray, por ejemplo, que aparece en no más de dos o tres diálogos breves) alcancen niveles sorprendentes.

Menos pretencioso, menos rebuscado pero con mejores resultados prácticos que muchos de sus colegas dentro del cine de autor, Wes Anderson logra un cine amable con el espectador, con sus personajes y con su propia filmografía. Gran Hotel Budapest mantiene el impecable nivel del resto de su filmografía y cruzamos los dedos que nunca se le suban los humos a la cabeza. Quizás cuando eso pase ya no nos guste tanto, y no queremos que algo así suceda.

***1/2

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THE GRAND BUDAPEST HOTEL

Director: Wes Anderson

Intérpretes: Ralph Fiennes: Tony Revolori; F.Murray Abraham; Jude Law; Williem Dafoe; Jeff Goldblum; Harvey Keitel; Tilda Swinton; Saoirse Roaran; Edward Norton; Adrien Brody; Jason Schwartzmann; Bill Murray; Owen Wilson; Tom Wilkinson

Comedia

2014

fretamalt@hotmail.com @panchocinepata

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