Machuca: 40 años -y diez más- después

Santiago, 1973.

En el exclusivo colegio Saint Patrick de Vitacura, la directiva encabezada por el padre McEnroe, rector del mismo (Ernesto Malbrán) inicia un experimento social, amparado en las políticas educacionales de la Unidad Popular: incorporar como alumnos, sin costo alguno, a muchachos provenientes de las poblaciones aledañas a la comuna, a fin de estrechar vínculos que trasciendan las clases sociales.

Así, aunque al principio ambos grupos de alumnos se muestran reticentes a relacionarse, dos muchachos, Gonzalo Infante (Matías Quer) y Pedro Machuca (Ariel Mateluna), en principio por solidaridad –ambos son acosados por el mismo bravucón- luego por la genuina amistad que nace entre ambos, en momentos en que Chile atraviesa el más duro conflicto social de su historia.

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Cuarenta años después del golpe de estado, y a diez años de su estreno, no es un despropósito revisitar este filme de 2004, Machuca, de Andrés Wood, celebrada cinta que examina lo sucedido en el colegio Saint George, de la mano de su rector Gerardo Whelan, y su intento por romper las barreras sociales permitiendo a jóvenes sin muchas oportunidades participar del proceso educacional del colegio, en tiempos que Chile era una olla a punto de explotar. Película que en su momento anduvo muy bien en taquilla (demostrando que el chileno quiere ver en pantalla gigante algo más que chicas en bikini y “humor” picaresco) y que sacó la cara por la industria nacional en premiaciones, festivales y exhibiciones a nivel internacional…y que en su momento vi y encontré ahí no más.

Pero la vida da segundas oportunidades y, estoy insistiendo en ello, uno se equivoca, y tiene derecho a reivindicarse. Por eso, una década después, y con diez años más en el cuerpo, doy esta segunda lectura a la película. Y concluyo que en una sola película, se cuenta más de una historia.

La historia medular corre por cuenta de los niños protagonistas, Infante y Machuca, forzados a ser compañeros de banco primero, a ayudarse después (por distintas razones, ambos son acosados por el abusón del curso) y a hacerse amigos finalmente, más allá de las realidades, de los entornos que les toca enfrentar. Y que ninguno es lo que el otro cree.

Gonzalo Infante tiene una vida cómoda, pero nada de fácil: un padre, un pujante ejecutivo (Francisco Reyes) que mira con simpatía, o más bien paternalismo y no poco cinismo, el fenómeno de la Unidad Popular. Su madre (Aline Kuppenheim) es una mujer que no tiene problema en hacer lo que fuera para mantener sus privilegios y lujos en un país donde eso es cada vez más complicado hacerlo, incluso si eso significa visitar a su amante en presencia de su propio hijo, y una hija más preocupada de divertirse con su novio universitario, que de rendir en los estudios. Por su parte, Pedro Machuca viene de una familia donde el padre trabaja para lograr, a duras penas, el sustento familiar, hogar donde pese a las carencias se vive una comunidad, un sentido de unidad que Gonzalo no ve en su propia casa.

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La segunda historia se inmiscuye en un tema del que se habla mucho, pero se dice poco: como era la vida familiar en tiempos de la Unidad Popular. Todos conocemos los alcances políticos del tema, de eso nos han bombardeado por años, pero ¿cómo se veía en el seno de las familias? Ya hemos visto, la familia de Infante sentía este proceso como un mal chiste, o derechamente como la peor pesadilla posible, mientras que la de Machuca, veía en Allende la figura que encabezaba el proceso que iba a terminar con las diferencias sociales y nivelaría todos los estratos de la sociedad, por lo que se jugaban, la vida si era necesario, en su apoyo.

Y claro, todo con el trasfondo de la crisis política y social que vivió el país durante el gobierno de Allende y la víspera de 11 de septiembre de 1973. Machuca evita irse a lo que podría ser la segura y denunciar causas y culpables del quiebre institucional del país, y juega por sus consecuencias, y como estas afectaron, antes y después del 11 de septiembre al chileno común. Rico o pobre, de izquierda o de derecha, lo cierto es que natural o artificialmente Chile nunca estuvo tan polarizado, y era cosa de tocar un par de fibras sensibles y los que media hora antes conversaban como amigos, al poco rato estaban agarrándose de puñetazos.

Pero por sobre todo, por mucho que la película se llame como uno de los protagonistas, resulta que es Gonzalo Infante quien abre los ojos a lo largo de la historia, a través de la existencia de este muchacho que termina siendo su amigo. Descubre la verdadera cara de su familia y entorno, así como la realidad de los que no son de su estrato, que seguramente sólo ha conocido en clase de pastoral, en documentales y con la que se reencontrará, en algún momento, haciendo trabajos voluntarios. Eso es quizás lo más dramático. Sabemos que en este proceso nadie ganó realmente, sólo algunos que se hicieron los vivos. Muchos chilenos perdieron, y otros cuantos que vieron de cerca todo lo que pasó, pero que por una u otra razón, optaron por mantener el status quo, mantener el círculo vicioso (aunque le concedemos el beneficio de la duda, Gonzalo aún va al colegio y tiene que bancarse además como su familia se está yendo al carajo).

Como bien reza el padre de Machuca durante uno de los pasajes más dolorosos del filme “Tu amigo va a ir a la universidad, tu vas a seguir limpiando el wáter…tu amigo va a ser dueño de la universidad y todo va a seguir limpiando el wáter!”.

En eso se emparenta Machuca con No (2012), a la larga las dos mejores películas hechas en Chile con el gobierno militar como tema de fondo. En la amargura, en la frustración. Donde No nos termina diciendo que el triunfo del 5 de octubre de 1988 fue una victoria del marketing antes que las ideas, la gran tristeza de Machuca es que hubo gente que quiso cambiar el país y no pudo, otra que hizo todo lo posible por no perder sus privilegios, incluso a costa de sus propias libertades, y otra tanta que pudiendo hacer algo ante un hecho que sabían no era precisamente positivo, cruzó los brazos.

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Es posible que con el tiempo Machuca efectivamente hubiera terminado lavando los baños, y más todavía que Infante haya estudiado en una universidad una profesión rentable, se hubiese hecho más rico aún y fuera presidente del directorio de la empresa que Machuca limpia. Cabe preguntarse que pasaría si en el Chile de hoy, post-trancisión y donde las brechas entre ricos y pobres se han ensanchado hasta lo inhumano, Gonzalo y Machuca se encontrasen en un ascensor. No hay una sola respuesta al respecto.

Con una ambientación que roza en la perfección, respetando los cánones de la época al pie de la letra y con un puñado de actuaciones notables, Machuca se alza con justicia como uno de los grandes títulos del cine chileno en su historia. Si bien el final de la historia que cuenta está lejos de ser feliz, en su época sus aciertos y logros dieron esperanzas en un cine nacional que puede ser tan exitoso como valorable en lo artístico. Diez años después, saludable es decir que muchas de esas esperanzas han quedado más que satisfechas.

***3/4

MACHUCA

Director: Andrés Wood

Intérpretes: Matías Quer; Ariel Mateluna; Manuela Martelli; Francisco Reyes, Aline Kuppenheim; Luis Dubó; Tamara Acosta; Alejandro Trejo; Ernesto Malbrán; Tiago Correa; Alejandra García-Huidobro

Drama

2004

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fretamalt@hotmail.com @panchocinepata

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