el club de los oscarizados

Estamos en Dallas, 1985. El electricista y jinete Ron Woodroof (Matthew McConaughey) reparte su vida entre su trabajo, el alcohol, las drogas, armar pelea y el sexo fácil. Homofóbico, racista y malhablado, Ron sufre un duro golpe para su ego cuando, tras un accidente laboral, es diagnosticado con SIDA, enfermedad que, como se creía entonces, era “de maricas”.

Desesperado luego de que se le diagnostica menos de un mes de vida, Ron  intenta buscar una solución para su mal, y al no encontrar medicación viable en Estados Unidos, cruza la frontera y comienza a importar, ilegalmente, medicinas desde México, lo que le abre nuevas posibilidades más allá de la mera supervivencia.

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Me pasa con Dallas Buyer’s Club: El Club de los Desahuciados algo parecido que con 12 Años de Esclavitud: son buenas películas, pero se hace evidente su vocación por los premios y que están hechas precisamente para arrasar con cuanto galardón exista. De 12 Años ya hemos comentado antes. Dallas manifiesta esta vocación en algunas cosas bastante obvias: historia basada en personaje real enfrentado a una situación extrema (efectivamente, Ron Woodroof existió, padeció sida y debió enfrentar a la justicia, a inmigración, a la FDA y a otras cuantas instituciones para lograr tratarse su enfermedad), situación a la que, en un principio, saca provecho económico, sobrepasando los límites de lo ético, pero sobre la marcha va cambiando su manera de ver las cosas y su entorno.

Y un final que a más de alguien le hará derramar una lágrima. Y si ese alguien es jurado de algún festival…¡bingo!.

No digo que sea mala película. No lo es. Cumple con lo principal: tomarse la historia en serio y hacerla lo suficientemente atractiva como para verla hasta el final, y tiene la virtud de que, pese a lo que se podría pensar, no pretende sermonear a nadie ni dar moralejas.

La gran diferencia entre 12 Años… y Dallas está en que mientras la primera se sostiene en su historia, su buen desarrollo y en general el buen funcionamiento de todos sus factores, mientras que la segunda es de aquellas que dependen demasiado del desempeño de sus actores. No es primera vez que sucede.

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No vamos a desconocer aquí el brillante desempeño de Matthew McConaughey, más allá de los cambios estrictamente físicos (y hay que decir que el último par de años, McConaughey ha cambiado progresivamente el rumbo de su carrera. Esta película y su protagónico en la celebrada primera temporada de True Detective son prueba de ello), menos de Jared Leto, irreconocible en la piel de Rayon, el transexual que Ron conoce en el hospital, a quien en principio desprecia, pero con el tiempo se volverá un pilar fundamental en su evolución. Ambos han sido reconocidos con cuanto premio se les puso al frente, todos ellos totalmente justificados.

Las actuaciones de McConaughey y Leto y su innegable química en escena, son las mayores fortalezas de la película, y sus principales pilares, pero si los sacamos de ahí, si sus personajes (que son quienes sostienen el gran peso dramático del filme, junto a la doctora interpretada por Jennifer Garner, de más que buen cometido, por demás) hubiesen sido interpretados por otros actores, o su interpretación no hubiera sido tan impecable (o convincente, o estremecedora, o sobrecogedora o como quieran llamarle) no podría apostar si el desempeño del filme, dirigido por un correcto –pero sólo correcto- Jean-Marc Vallé hubiera sido igual.

El Club de los Desahuciados es un filme interesante y cumplidor, pero no más allá de eso. Con excelentes actuaciones principales, es cierto, lo que se agradece, pero de no haberlas tenido, otro gallo habría cantado. Y desafinado, por cierto.

***

DALLAS BUYER’S CLUB

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Director: Jean-Marc Vallé

Intérpretes: Matthew McConaughey; Jennifer Garner; Jared Leto; Steve Zahn

Drama

2013

fretamalt@hotmail.com @panchocinepata

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Una respuesta a “el club de los oscarizados

  1. Lo que me pareció más interesante de la película fue que se trata de cuerpos. En general, el cuerpo humano no suele ser el protagonista de las películas. Cosa rara, porque en otras artes (sobre todo en la historia del arte) el cuerpo es el tema principal. Pero en las películas casi siempre se deja de lado: se muestra incorruptible, incansable. En Dallas Buyers Club se cuenta una historia de modo muy convencional para así dedicarse casi exclusivamente a su tema: cuerpos enfermos, cuerpos que se modifican con la enfermedad. Cuerpos con llagas, que tosen, que se debilitan. Entonces el trabajo de los protagonistas está más allá de sus cualidades actorales, incluso: son recipientes de un discurso visual en sí mismo.

    Matthew McConaughey debería ganarse también todos los premios por True Detective, una de las mejores ficciones del último tiempo y una suerte de adaptación apócrifa de Lovecraft y Roberto Bolaño. Es esperanzador que el mercado de películas norteamericano haya encontrado en el escritor chileno una sorprendente veta para acercarse al género policial.

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