PolitiShow

Aunque es el comediante más popular del país, Stefan Kramer quiere dar un giro en su espectáculo de imitaciones. Sus amigos más cercanos, Arturo y El Negro lo convencen de establecer una fundación benéfica, lo que Kramer aprovecha para extraer ideas para su nuevo show.

Sin embargo, la cúpula política, encabezada por Don Carlos y Don Camilo, rivales ideológicos pero asociados por amistad y conveniencia, reciben la visita de un humanoide venido del futuro, Hinz-Peter, quien les advierte el peligro de una inminente carrera política de Kramer para la estabilidad de su sistema…

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Dispuesto a repetir el fenómeno que fue hace poco más de un año con su filme debut, Stefan vs Kramer, el humorista e imitador homónimo presenta El Ciudadano Kramer, que a poco de su debut ya amenaza con convertirse en un fenómeno de taquilla, tal cual como ocurrió con su predecesora de 2012, lo que ha llevado a unos cuantos sesudos a preguntarse si una película protagonizada por un humorista de tv merece tanta atención.

Desde esta tribuna, creemos que si. Kramer hace tiempo que ya es más que un humorista o chistosito de televisión, hace rato que trascendió de ese mundillo, para convertirse a lo más parecido que tenemos un showman. Es un ejecutante que es respetuoso del público, que evita la risa fácil y el chiste contra minorías o personas en situación irregular sino que es autor de un humor algo más elaborado que el de humorista de programa nocturno. Un tipo respetuoso, que sabe que pide su público, cómo y con qué dárselo.

(Por eso que, pudiendo, no imita en esta película a Pablo Longueira, por mucho que el mismo Kramer haya viralizado la muletilla del “chentro-chochal”, no va a hacer leña del árbol caído con un personaje que, públicamente, ha declarado pasar un mal momento personal. Es un tipo decente).

Sin desmerecer el gran talento de Kramer en la imitación, hay que ser sincero: su segunda incursión en el cine no corre la misma suerte que su filme debut. Ciudadano es un filme divertido, algunos de sus momentos son realmente hilarantes y quedarán dentro del ránking de secuencias más divertidas del año, y quizás de nuestra industria. Pero tiene algunas cosas muy puntuales que les bajan los puntos a la película. ¿Qué falta? Más bien, qué sobra:

Por un lado, el abuso del placement. Cierto que en un medio en desarrollo como el nuestro esta es una buena forma de financiarse. Nicolás López lo hace en sus películas, pero en el caso de Kramer llega a ser descarado, haciendo la mención del auspiciador en cuestión con slogan y todo. Esa duda de que si en vez de una película estamos viendo un comercial larga duración en pantalla gigante resulta, por decirlo de algún modo, molesta.

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Por otro, la excesiva duración de algunas escenas. Hubo un momento, partiendo la segunda mitad de la película, que el ritmo de la película decae considerablemente, quedándose con algunos chistes buenos, pero aislados. Y uno no entiende qué es lo que se pretende al estirar tanto el chicle. Como hemos dicho antes, el alargar mucho una película, cuando no es estrictamente necesario, le afecta gravemente a su desempeño. Pasa con el cine de acción y con mayor razón a una comedia.

Y finalmente, esa necesidad imperiosa de dejar una moraleja. Dije en una columna anterior que muchas veces el humor puede ser usado para poner en el inconsciente colectivo los grandes temas. Suele funcionar, pero en lo que, por ejemplo, Barrio Universitario acertaba, Kramer falla, por cuanto si bien plantea algunos temas de interés social (como operan las cúpulas políticas) cae en lo moralizador, en el sermón, función que, claramente, no le corresponde.

Estos defectos si bien no empañan el buen nombre ni desempeño de un showman tan completo como Kramer. Como he dicho, la película tiene su gracia, divierte, y cuenta con algunos momentos, pero estos defectos que he señalado, le bajan los puntos y la dejan sólo como una buena comedia, cuando pudo haber sido mucho más.

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(Pero por suerte, no cae en el humor simplón y obvio de bodrios como El Derechazo, película con que por temática se emparenta mucho con la de Kramer, en la que se notó demasiado la urgencia de estrenar antes de las elecciones).

Así cierra el 2013 el cine nacional. Un cine cada vez más profesional, un cine con cada vez más realizadores jugándoselas por estrenar que preocupados de llorarle a entidades públicas u ONGs. Un cine cada vez más preocupado de su público, de apreciar lo que el público quiere y no ningunearlo porque “está lleno de indios que no entienden que es el arte”. Se estrenó más, fue más gente al cine, se ampliaron las temáticas. Todas tendencias positivas, pero que se contrapone a otra: no vi ninguna película nacional que me dejara K.O. Y Kramer no fue quien rompió esa tendencia.

***

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EL CIUDADANO KRAMER

Director: Stefan Kramer-Javier Estévez

Intérpretes: Stefan Kramer; Paloma Soto

Comedia

2013

fretamalt@hotmail.com @panchocinepata

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