pelea de peces

Es un verano cualquiera,  a mediados de los ’50, en la ciudad de Tulsa, Oklahoma, donde no pasa nada realmente emocionante, nada resulta realmente estimulante y nadie parece tener mucho futuro. Por eso, no es de extrañar el nivel de deserción escolar y la cantidad de jóvenes dedicados a la vagancia que existe en esta ciudad.

Uno de estos jóvenes es Rusty James (Matt Dillon), quien encabeza una de las tantas pandillas de esta ciudad luego de que su hermano mayor, Motorcyble Boy (Mickey Rourke) abandonara la ciudad un par de meses antes. Y aunque ha sido un buen líder, siempre ha debido lidiar con la omnipresente sombra de su hermano.

El regreso de Motorcycle Boy, sacudirá el pequeño mundo de Rusty, enfrentándolo no sólo con su entorno, sino también con quien ha sido la piedra de tope para su crecimiento social, y con su propio destino…

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Fue raro lo que pasó en los ‘80s con Francis Ford Coppola. Convertido en uno de los nombres más influyentes del cine estadounidense de esa época, junto a Scorsese, Allen, Speilberg y otros, y luego de tocar el cielo en los setentas con las dos primeras partes de El Padrino, con La Conversación y ese otro monumento llamado Apocalipsis Ahora, su filmografía, sin dejar de ser interesante y respetable, ya no contaba con el mismo beneplácito que tuvo la década anterior.

Filmes como One From The Heart, Jardines de Piedra, Cotton Club, Peggy Sue Got Married o Tucker, si bien gozaban de una muy buena salud en lo fílmico, nunca estuvieron a la altura de lo que los críticos de ese momento esperaban. Seguro dieron por hecho que Coppola presentaría puras obras del nivel de la saga de los Corleone, en lo cinematográfico y en lo presupuestario. Nunca he considerado sano para un crítico pensar así y dar por hecho que todo lo que haga un director tiene que ser siempre del mismo nivel, eso es humanamente imposible. Nada de malo hay en bajar de vez en cuando, y Coppola en esta década bajó, ciertamente, pero tampoco a nivel de desplome.

La Ley de la Calle sigue esa tendencia, pero a la vez constituye una excepción a la misma. Cierto que en la época de su estreno, en 1983, corrió más o menos la misma suerte que la mayoría de la obra de Coppola, es decir, una crítica distante y una taquilla algo esquiva. Sin embargo, con el paso del tiempo, con las nuevas generaciones de críticos y cinéfilos que fueron surgiendo, esta película, basada en la novela de S.E. Hinton, de quien Coppola ya había dirigido antes The Outsiders, fue convirtiéndose en una suerte de objeto de culto.

¿Cómo se explica esto? ¿Con un mero recambio generacional? Puede parecer una explicación demasiado básica, pero adecuada. No absoluta, quizás, hubo algunos críticos de más de 30 que en su momento supieron apreciar esta obra (Héctor Soto fue uno de ellos) pero la gran mayoría de aquellos que le dieron su visto bueno, con suerte habían terminado la universidad. Y tras un discreto paso en salas comerciales, La Ley.. pasó al circuito del cine arte de entonces: era número fijo en salas como Normandie, Espaciocal o aquellos recintos donde la cultura underground chilensis movía sus piezas en plena dictadura.

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Cierto que lo generacional ayudó a procesar mejor este filme, y es que los que tenían menos de 30 en aquellos días –y no conocer la obra de F.F. en la década anterior ayudó mucho también- vieron en esta historia de pandillas una suerte de espejo.

No el más feliz de los espejos, claro. Pero un espejo al fin y al cabo.

Porque la historia de Motorcycle Boy, Rusty James y el resto de la juventud de Tulsa, Oklahoma (ciudad donde La Ley de La Calle no significa nada, ni siquiera un incentivo para el turismo como suele suceder con otras ciudades famosas gracias a ciertas películas) va más allá de una simple cinta de pandillas agarrándose a combos. De esas hay muchas. No, Rumble Fish, su título original, relacionado con una extraña raza de peces domésticos que viven en función de pelear entre sí hasta morir, no es una historia de conflicto entre bandas rivales.

Y quien piense que es un conflicto entre hermanos también se equivoca medio a medio. Cierto es que la relación de Motorcycle Boy y Rusty James es la frustración de encontrarse el segundo siempre a la sombra del primero, haga lo que haga, pero no va por ahí necesariamente el quid de la historia.

La Ley de la Calle es ante todo una historia de desamparo. Desarraigo. Desesperanza.

Es la historia de una juventud que, prométanle lo que le prometan, nunca saldrá de ese círculo. Y estará condenada a repetir una y otra vez a repetir las vidas de sus padres. Con esa falta de estímulos, no es de extrañar que muchachos como Rusty James dejen la vida colegial y se conviertan en ese tipo de chico malo que las chicas adoran pero que no saben como presentar a sus padres (y de hecho así le ocurre, pues su intento de noviazgo con Patty –Diane Lane, jovencísima- una chica con la que solía ir a clases).

Sin embargo, Rusty James no es un chico malo de modo absoluto. Es en el fondo un pobre diablo solitario, perdido, sin un futuro al cual aspirar y sin nada donde arrimarse: padre alcohólico, madre muerta, hermano desaparecido. La necesidad de Rusty James de buscar pleitos está lejos de ser su forma de vida ideal, a ratos nos da la impresión que el quiere otra cosa, que no sabe cómo conseguir ni cuando lo hará. Concluimos que se dedica a buscar camorra porque es lo único que le queda: darse a la vagancia para tratar de sacarse de encima una sensación de vacío casi imposible de llenar

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Motorcycle Boy obedece más o menos al mismo principio. Tampoco tenía mucho que ganar en Tulsa y por eso se convirtió en la figura casi mesiánica que algunos de sus contemporáneos insisten en ver, un buen día desapareció, acaso la única vía de escape a una situación como la suya. Pero algo  no sale bien y regresa (o simplemente no quiere esa salvación para él, sino que para su hermano, quizás lo último que le va quedando valioso en esta vida).

Si, Motorcycle Boy una vez más cubrirá bajo su manto a Rusty, pero no para opacarlo, sino que simplemente para salvarlo. Para darle la oportunidad de romper este círculo vicioso de la frustración, la desesperanza y el vacío. Y salvarlo de hacer pagar a su hermano por sus pecados y faltas.

Armada de manera que el sobrecogimiento es mayor mientras más cerca estamos del final, con las excelentes actuaciones de Mickey Rourke y Matt Dillon como los fundamentales pilares sobre los que se alza, La Ley de la Calle, que este año ha cumplido 30 años desde su estreno, y ha sido objeto de un reciente documental de Alberto Fuguet (Locaciones: Buscando a Rusty James, disponible en su web cinepata) es una película que, no por ser una obra fundamental del cine como lo fue El Padrino, está lejos de merecer tanto castigo. Para obra maestra tal vez le falte mucho, pero eso no nos puede llevar a menospreciar, aún más todavía, a estos dos hermanos que, lo único que necesitaban, era una posibilidad incluso remota de salvarse.

¿Alguien sabe si hay alguna edición blu-ray ad.hoc?

****

RUMBLE FISH

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Director: Francis Ford Coppola

Intérpretes: Matt Dillon; Mickey Rourke; Diane Lane; Dennis Hopper; Lawrence Fishbourne; Nicolas Cage; Vincent Spano; Tom Waits; Chris Penn

Drama

1983

fretamalt@hotmail.com         @panchocinepata

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