una manzana para dominar el mundo

Es 2001, y Steve Jobs (Ashton Kutcher), se encuentra presentando el más reciente producto de Apple Corporation, el iPod, dispositivo portátil para escuchar música.

Jobs no llegó a encabezar este gigante de la informática de un día para otro, y recuerda cuando a poco de haber dejado la universidad, a mediados de los 70, junto a su amigo Steve Wozniak (Josh Gad) comenzó, en el garaje de sus padres, a armar computadores a pequeña escala, llamando la atención de comerciantes e inversionistas locales. Y si bien, el avance de su negocio es acelerado, Jobs parece siempre querer ir más lejos…

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No soy usuario de Apple. Sé que tienen excelentes software de gráficos y diseño, y reconozco que estéticamente son aparatos más atractivos que un pc o notebook, pero nunca me han llamado la atención realmente. Por lo mismo, desde la distancia me cuesta entender esa visión casi de Mesías que tienen los usuarios de esta marca hacia su fundador, Steve Jobs.

Por eso, en cuanto pude vi Jobs, filme autobiográfico cuya producción comenzó no mucho tiempo después del deceso de este empresario de la tecnología. Suponía que me iba a ayudar a entender mejor ese hálito de “santidad” que rodea la figura de Jobs, que para sus fans es prácticamente un líder espiritual (devoción que se ha prestado para todo tipo de humoradas, sólo recuerden lo que pasa cuando los Simpson visitan una tienda Apple y los clientes escuchan el nombre de Jobs).

Y si bien la película cumple en varios aspectos, al ser un filme ameno, atractivo y fácil de comprender incluso si usted nunca ha tenido un computador en las manos, falla en lo principal de toda biopic: ayudarnos a entender porque un personaje determinado ha logrado el reconocimiento de que goza. Y es difícil construirnos un perfil acerca de lo que Jobs significa para la cultura occidental cuando la película nos muestra una misma persona en estados totalmente distintos.

A lo largo del filme conocemos a un Steve Jobs (buena aunque no espectacular actuación de Kutcher) emprendedor, idealista, trabajólico, ambicioso, egoísta, obsesivo, buen padre de familia, histérico, explotador, en fin…¿Cómo definir cual de ellos es el verdadero Jobs y como se convierte en el santo patrono que algunos han adorado desde que descubrieron quien estaba detrás de sus Macs?

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Jobs acierta en cuanto es un filme interesante y que se deja ver y hasta disfrutar sin grandes complejidades (o sea, al lado de Cosmopolis, ese bodrio que significa un segundo paso en falso seguido de Cronenberg tras la olvidable Un Método Peligroso, claro que lo es) pero que pierde los bonos acumulados por la indecisión de su director respecto de cual Jobs es el que quiere mostrarnos: si el joven entusiasta e idealista que empezó armando aparatos casi como un hobbie, o el cabrón que siempre quiere tener la última palabra, o el ave fénix que tras años en el borde vuelve en gloria y majestad.

Pero bueno, al menos no es Mark Zuckerberg.

** ½

JOBS:

Director: Joshua Michael Stern

Intérpretes: Ashton Kutcher; Josh Gad; Dermont Mulroey; Matthew Modine; Lukas Haas; J.K.Simmons; Lesley Ann Warren

Biográfica

2013

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

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