sobre el 11 de septiembre…y lo que vino después

Para la hora en que usted lea esta columna, ya habrán transcurrido algunas horas desde el momento exacto en que se habrán cumplido 40 años desde que el Palacio de la Moneda fuera bombardeado y el gobierno de la Unidad Popular, encabezado por Salvador Allende, fuera derrocado y sustituido por una Junta Militar.

Seguro que usted ya está hasta el cuello con tanta información y exposición acerca del tema recientemente, así que si no quiere saber más al respecto, es libre de cerrar esta página y mandarse cambiar. Nadie lo obliga a nada y nadie le impide ser indiferente si quiere. Puede serlo, aunque no se lo aconsejo. La indiferencia es la primera causa de que los problemas, los errores, se repitan.

Y es que lo ocurrido el 11 de septiembre de 1973 no es algo menor en la historia de Chile. Contando desde que el país inicia su vida independiente en 1810 –o 1818 si prefiere- no hay otra fecha que divida esa historia en dos partes.

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Ahora bien ¿era necesario?

Muchos van a decir de una que sí. Que no había vuelta atrás, que no quedó otra, que el país se iba a transformar en una nueva Cuba, y todos esos argumentos que escuchamos siempre. Pero no son suficientes para responder a la pregunta.

Quiero creer que Salvador Allende fue una buena persona. Me reservo el beneficio de la duda. Quizás no fue un buen presidente, pero tenía buenas intenciones, el problema es que con buenas intenciones no alcanza para manejar adecuadamente un país. Por otra parte, Allende pecó muchas veces de ingenuo al no darse cuenta –o no querer darse cuenta- que todos, incluso sus allegados más cercanos, remaban para el sentido contrario, para que su gobierno se fuera a pique y justificara o la intervención soviética para concretar la vía armada al socialismo, o el golpe de estado que finalmente ocurrió.

Y por muchas razones que hubiera habido para justificar los hechos consumados, aun así para ningún país, por bananero o tercermundista que sea, es grato que un gobierno democráticamente electo y constitucionalmente establecido, sea interrumpido. Si fuera porque el gobierno está lleno de ineptos, pelotudos y frescos de raja, otro gobierno que conocemos hace rato habría tirado la toalla (gobernaremos mejor que la concertación –el parámetro más penca del mundo- decían, total somos empresarios exitosos, así que gobernar debe ser pan comido, decían…).

Pero hagamos cuenta que efectivamente la cosa no daba para más, y que había que cortar de raíz el régimen de la U.P. sí o sí. Conforme, bombardeen la Moneda, derroquen a Allende, fusilen a los principales cabecillas, instálense en el poder…hasta entendería que hubieran clausurado el Poder Legislativo. Hasta ahí, podría llegarlo a entender…si se hubieran quedado en eso, pues…era necesario todo lo demás?

¿Era necesario imponer un régimen de terrorismo de estado? Un sistema político fundado en la persecución ideológica, en encarcelar o ejecutar individuos sin un procedimiento justo detrás, hacer desaparecer personas, mandar al exilio, reprimir las libertades públicas y privadas, interferir en la vida privada de las personas, coartar los canales de expresión?

Era necesario quemar libros, fijar toque de queda, castigar la cultura y las artes?

Era necesario matar tanto a un pueblo, no sólo físicamente, sino además hacerle bolsa su alma? ¿Era necesaria tanta barbarie?

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No, no era necesario (sin ir más lejos, en Argentina, que también tuvo dictadura militar, si bien también hubo genocidio, al menos no coartaron los demás poderes del estado ni las libertades culturales o de expresión. Es más, hasta las fomentaron en algún minuto, especialmente con la guerra de las Malvinas encima, pero eso es otro tema).

No era necesario…entonces ¿por qué lo hicieron?

Porque podían.

No debían, pero podían. Y siempre se iban a excusar en eso de que “esto era lo que ustedes pedían, cierto?” “Era esto o la guerra civil, ustedes escogieron”. Curioso, después justificaban todo con que “Estamos en un estado de guerra, asi que vale”…¿cómo? ¿No que con el “pronunciamiento militar” era una guerra lo que estaban evitando? Algo no me cuadra.

Esa es la gran herida de Chile. No el 11 de septiembre mismo (fue solo el principio) sino todo lo que vino después.

Si se hubieran quedado en derrocar a la U.P. uno podría haber terminado por entenderlo, pero cuando fueron más allá y CASTRARON, DESALMARON a un país. No. Simplemente no.

Por eso causa entre extrañeza, estupor y molestia con que facilidad hablan algunos de perdón, de reconciliación…pero ¿Cómo perdonar cuando hay heridas que no cierran aún? ¿Cómo cerrar heridas cuando hay quienes se empeñan en mantener abiertas?

¿Con que cara hablan de reconciliación, si aun existen quienes niegan lo innegable?

¿Cómo se habla de reconciliar el país cuando hay quienes celebran lo ocurrido? ¿O se empeñan en justificar la barbarie y atrocidades cometidas luego del 11-9-73 con argumentos tan burdos como “no eran blancas palomas tampoco” o “algo andarían haciendo poh, si tampoco andaban comprando pan” o “tu no habías nacido en esa época, asi que no entiendes como era todo” o “entiende que con los upelientos no había nada para comer” (si, claro…pero el mercado negro estaba en ebullición, y misteriosamente todo apareció el 12 de septiembre).

¿Quiere reconciliación? Okey, entonces déjese de jugar al empate y mezclar peras con manzanas. Deje de poner la expropiación del fundo de su tía Clota o de la industria de su bisauelo Clorindo, por tristes que hubieran sido, a la misma altura que la muerte y desaparición de miles de personas.

¿Quiere reconciliación? Entonces deje de hacer mofa de la desgracia ajena y minimizar lo que sufrieron muchos. Deje de dar explicaciones ridículas acerca de la historia reciente de Chile, para conservar los privilegios logrados de tanto besar los traseros correctos.

¿Quiere reconciliación? Entonces deje de menospreciar su propia opinión. Cuanta gente he escuchado justificar la represión a las ideas y a las distintas formas de pensar existentes entre 1973 y 1990 porque “al menos tenemos trabajo y para comer”. Como siempre, no es bueno juntar peras y manzanas. Por lo demás, el derecho a tener una voz propia es irrenunciable. E intransable.

¿Quiere reconciliación? Entonces deje de hacer pucheros cuando le toque bajar las utilidades de sus empresas para subir el salario mínimo (pero si de la Fundación Pinochet le suben la cuota, ningún problema “todo por el verdadero salvador de la patria”).

¿Quiere reconciliación? Después de conocer las declaraciones de Manuel Contreras ayer en CNN me parece un poquito caradura su pedido de reconciliación.

Desaparecidos

Yo quiero la reconciliación. Yo quiero un Chile distinto al que conocí, donde los hijos y nietos que espero tener vivan en armonía con sus pares. Para eso, claro, primero reconciliar. Y perdonar. Pero la reconciliación y el perdón, así como el respeto, no son gratuitos.

Antes del perdón viene la responsabilidad. Y la reparación.

Pedir perdón es muy bonito cuando se le corre el bulto a la jeringa y se le tira el cacho a otros. Pedir es fácil. Merecerlo, en esas condiciones, no tanto.

Si, el país no estaba bien antes del 11 de septiembre de 1973…y puede que tampoco lo haya estado después del 11 de marzo de 1990, menos con la letra chica del plebisicito de 1988 que fueron la Constitución de 1980, sus disposiciones transitorias y las leyes de amarre que hasta hoy no se pueden modificar (súmese el gran pecado de la Concertación: haberse quedado de brazos cruzados y asumir la postura de que “bueno, ya que no podemos cambiar el sistema, saquémosle provecho poh!”). Pero vivir a media máquina y con un pulmón artificial siempre va a ser mejor que estar muerto. Y entre 1973 y 1990 así lo estuvimos.

Y yo por lo menos, no quiero que volvamos a estarlo.

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(SI quiere debatir al respecto, bienvenido sea. Pero con fundamentos que valgan la pena.  Argumentos pelmazos como los que he citado más arriba serán descartados de plano…por la salud mental de los demás lectores).

fretamalt@hotmail.com @panchocinepata

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Una respuesta a “sobre el 11 de septiembre…y lo que vino después

  1. Como ya te había comentando en entradas anteriores, sigo tu blog hace tiempo, pero por tiempo mismo no posteo mucho. Bueno, de lleno, opinión de cada uno con respecto a esa tragedia, pero siempre manteniendo el respeto a las víctimas, a la traición y teniendo clara la película. Si has tenido la oportunidad de ir a Isla de Pascua, ahí tiene en alta estima al dictador, pero en otros lados lo aborrecen de tal forma que su nombre no puede ser ni mencionado.

    Es cierto que últimamente, especialmente con las próximas elecciones encima, suele apaciguarse este tema, y en los 40 años del golpe, anduvo en las mismas, poca mención del hecho, con los responsables nuevamente ignorados y nunca mencionando las verdades del hecho. Tema aparte lo que ocurre cada 11 en ciertas partes de la capital.

    Pero como mencione arriba, primero el respeto y no ser ignorante de este hecho, que aunque cueste aun pesa hoy en día y es la gran mancha negra en nuestra historia.

    Aparte. Pensé que harías alguna Review sobre películas que tengan que ver con estas fechas, que bueno que por un lado no lo hiciste, como para salir del común de los sitios que reviso.

    Saludos.

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