tres buenos amigos

lQue yo recuerde, desde que tengo uso de razón, quise ser un gángster.

Esta es la historia de Henry Hill (Ray Liotta), quien desde que era un adolescente judío-irlandés de Nueva York, siempre se vio fascinado por el hampa. Y cuando tuvo la edad suficiente para dejar la escuela, consiguió entrar a la familia Lucchese, la que gobernaba el barrio ítaloamericano en que vivía.

El capo local Paulie Cicero (Paul Sorvino) pronto queda complacido con la disposición del muchacho y lo incorpora al equipo de Jimmy Conway(Robert De Niro) y el irascible Tommy De Vito(Joe Pesci), con quienes se dedicará al robo de camiones, aeropuertos y extorsiones. Este es solo el comienzo de una nueva vida para Henry, quien conocerá los placeres de la vida criminal, pero también su lado amargo, cuando la mano de la justicia, tanto legal como criminal, proyecte su sombra sobre Henry y su entorno…

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Henry Hill y nosotros como público nos hacemos más o menos la misma pregunta…¿por qué nos gustan tanto los gángsters? ¿Por qué unos personajes tan ligados al crimen y al lado oscuro de la sociedad nos resultan tan llamativos, atractivos y dignos de respeto? ¿Por qué personajes como Michael Corleone, Tony Montana o Tony Soprano han protagonizado obras tan trascendentales para el cine y la tv, cosa que nunca lograrán personajes más “inocentes” como los vampiros de Twilight o cualquier cosa que haga Roberto Benigni?

Quizás por la misma razón que fascinan tanto a Henry: porque hacen lo que quieren, sin que nadie les diga nada. Porque sin ejercer cargos públicos tienen más influencia que el político más avezado. Porque consiguen hacerse de un séquito tanto de protegidos como de protectores. Porque pese a todo, son considerados por sus comunidades como unos héroes. Y porque aún en el evento de enfrentar a la justicia, nadie les quitará lo comido ni lo bailado, por un lado, y por otro conseguirán doblarle la mano tarde o temprano.

Porque siempre consiguen salirse con la suya. Desde evadir la acción de la ley, balancearla a su favor y, aún en la hora de su ocaso, caer con estilo.

Eso es lo que motiva a Henry Hill a formar parte de la familia de Paulie Cicero, y es el puntapié inicial de Buenos Muchachos cinta basada en la novela de no ficción Wiseguy¸de Nicholas Pileggi, que relata tres décadas en la vida de un tipo que formó parte del crimen organizado, su auge y caída y vida luego del hampa, y que Martin Scorsese estrenó en 1990.

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Pongámonos en contexto. Scorsese venía de dirigir un puñado de obras de distinto registro y calidad. Todas igualmente celebradas por cierto, especialmente El Color del Dinero (1987) y Historias de Nueva York: Lecciones de Vida (1989), pero también un par de filmes que en su momento fueron bastante incomprendidos: el suspenso de Después de Hora (1986), y qué decir de La Última Tentación de Cristo (1988). En Buenos Muchachos, Scorsese retoma su predilección por el lado oscuro y turbio del hombre (lo que ya había explotado en filmes como Taxi Driver, Toro Salvaje, incluso en El Rey de la Comedia) y regresando a uno de sus barrios favoritos: Little Italy, en la periferia de Nueva York. Claramente, este es el tipo de filmes donde se siente más cómodo.

Scorsese narra con maestría la turbia historia de Hill y su paso por el hampa. Pero más allá de lo estrictamente biográfico, Scorsese le pone una cuota de sarcasmo, ironía y acidez en la historia, toda vez que Buenos… no es sino una historia sobre el sueño americano. Claro que hecho realidad de una manera poco ortodoxa.

Henry Hill busca llegar a lo más grande. Salir del hoyo de la pobreza y mediocridad y convertirse en un personaje influyente y poderoso. Con la única salvedad que pretende hacerse de esta fortuna y gloria por el lado del crimen. El mismo Hill, al principio de la historia, nos da a entender que podría trabajar como cualquier otro, pero aunque lo hiciera de sol a sol durante una vida entera, nunca tendrá lo que el crimen le garantiza con mucho menos esfuerzo. Claro, todo lo que obtenga lo logra robando, amenazando, extorsionando, chantajeando, exponiendo su vida ante las familias rivales (e incluso dentro de la propia), pero bueno, si ese es el precio a pagar, Hill está dispuesto. Entre ser alguien por perseguido por la justicia que esté, y ser un nadie, no hay donde perderse, parece decirnos.

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Y si bien no llega a la grandeza de El Padrino (no porque Buenos Muchachos sea un mal filme, lo que sucede es que la trilogía de Coppola es simplemente, una obra infinitas veces superior) Goodfellas implica una nueva marca a partir de la cual evaluar el cine de mafiosos en general, y ayuda a entender por qué este género nos cautiva tanto, pues nada mejor para entender este fenómeno que uno de sus propios protagonistas. Enfoque que le valió nuevos reconocimientos, como el Bafta (mejor película y dirección) y abundantes nominaciones al Oscar (que finalmente le arrebató Kevin Costner por Danza con Lobos) y al Globo de Oro

(Aparte de influir considerablemente en otras obras. Más de una vez Los Simpson han recurrido a Goodfellas para inventar chistes y, acaso la más obvia creación surgida a partir de la cinta, el trío de Palomos de Animaniacs, que normalmente se reunían en la cabeza de una escultura de…Martin Scorsese).

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Para muchos significa también el último gran filme de Scorsese (o uno de los últimos, si contamos además Cabo de Miedo (1992), La Edad de la Inocencia (1993) y Casino, en 1995) antes de caer en un bajón que se prolonga hasta el día de hoy. Eso no me parece tan así. Cierto que entre medio se ha despachado cosas que nadie entiende muy bien por qué las hizo (Vidas al Límite, El Aviador, Shutter Island) pero eso en ningún caso ha matado el talento de este director. Las notables Los Inflitrados o La Invención de Hugo, o documentales como No Direction Home, Shine a Light o Living in the Material World, o ponerse el traje de productor de Boardwalk Empire (serie de la cual dirigió el capítulo piloto) demuestran que si bien puede no ser el de antes, la llama de Scorsese está muy lejos de extinguirse.

****1/4

GOODFELLAS

Director: Martin Scorsese

Intérpretes: Ray Liotta; Robert De Niro; Joe Pesci; Lorraine Bracco; Paul Sorvino

Gangsters

1990

BMbr

fretamalt@hotmail.com @panchocinepata

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