como ganar una elección cuando todo está en contra

Es 1988 y Chile se prepara para un momento crucial. Tras 15 años de gobierno militar, la ciudadanía decidirá, mediante un plebiscito, y en una decisión que no deja de despertar sospechas en la oposición, el gobierno ha cedido 15 minutos diarios para exhibir publicidad televisada en pro de su opción.

En este escenario aparece por el comando del No René Saavedra (Gael García Bernal) publicista respetado en el medio, hijo de exiliados y separado de Verónica (Antonia Zegers), militante del brazo más violento de la oposición. Invitado por el dirigente José Tomás Urrutia (Luis Gnecco), René se une a la campaña por el No, lo que provoca un choque con su jefe, Luis Guzmán (Alfredo Castro), asesor de la campaña del Si.

Convencido que una campaña de denuncia no lleva a ninguna parte, René intenta convencer a sus directivos de aplicar los criterios de la publicidad moderna a la propaganda electoral, apelando a un mensaje positivo ante un eventual cambio, aunque deberá enfrentar la resistencia de sus propios mandantes, y hacer frente a los servicios de seguridad que lo vigilan desde la primera vez que habló con Urrutia…

Debo confesar que nunca he sido fan del cine de Pablo Larraín. Fuga (2006) me pareció un filme enredado y aburrido (no puede ser de otro modo si la película empieza tratando una historia y termina contando otra, apenas relacionada a la anterior); Tony Manero me pareció una lata sobrevalorada hecha a medida de jurados de festivales y amantes del verdadero cine (esos bobos con lentes hipster, boina y bicicleta media pista que negrean de lo lindo cada vez que van a una multisala) y con Post Mortem, simplemente no quise arriesgarme.

Pero en cuanto supe del rodaje de No y me enteré que Pedro Peirano estaba entre sus guionistas, a partir de un relato de Antonio Skármeta, y del fichaje de Gael García Bernal para el rol protagónico, algo me decía que debía darle una oportunidad. Y después que vi el tráiler, más todavía. Y tengo que decirlo, me conquistó totalmente, me hace perdonarle a Larraín gran parte de sus pecados anteriores y uno entiende porque, a diferencia de lo que pasó con otro filme político como Dawson Isla 10, casi nadie discute su nominación como carta nacional al Oscar (bueno, salvo un diputado con la capacidad de entendimiento de un chicharrón y el intelecto de un neardenthal, pero eso no cuenta).

Apelando a la nostalgia (el trabajo de ambientación, arte y recopilación de archivos de imagen, sonido y audiovisual es, salvo algunos anacronismos puntuales, muy logrado), a través de esta película se pretende relatar, en clave de semificción, los hechos que llevaron a la naciente Concertación De Partidos por la Democracia, a ganar un plebiscito en condiciones adversas (sin ley electoral, con un padrón electoral armado en pocos meses, sin tribuna en los medios, sin garantías de transparencia y prácticamente con todos los recursos en contra). No deja de ser oportuno, que en estos tiempos de voto voluntario, se estrene y funcione muy bien en taquilla una cinta sobre un gobierno de facto que sólo fue vencido con una elección.

Se ha dicho de No, en todo caso, que se limita a ser un mero documental o making-of de la campaña sin centrarse en temas de mayor fondo, como la situación sociopolítica del momento o los hechos que rodeaban el plebiscito del 5 de octubre. Eso no es efectivo, pues si se toman en consideración dichas circunstancias, aunque en la medida necesaria para entender el contexto de la historia, lo cual es un acierto del guión. Inclinar la balanza hacia un lado u otro implica necesariamente comprometer el filme a una tendencia determinada. Es cierto, claramente la película muestra a la que entonces era la oposición como los héroes de la película (siendo esa la tendencia de sus autores, así que no es ninguna novedad), pero tampoco es que sean mártires. De hecho, no son pocas las diferencias tremendas que existen entre los miembros de este movimiento, principalmente por cuestiones de ego. Fuera de ello, la película se mantiene lo más imparcial posible, lo que se agradece. Con todo, también se agradece de meterse en patas de caballos que otros ejercicios (cofcofLos80cofcof) insinúan sin atreverse a mojarse más que la punta de los dedos.

(No, que se haya mostrado la campaña del Sí, como un desastre en términos mediáticos, no es porque la película sea tendenciosa exactamente. Es porque ya en ese minuto desde el mismo Gobierno encontraban que era una porquería).

El desempeño actoral es convincente. Da gusto contar con un intérprete como García Bernal, alguna vez proyecto de galán de teleseries infantiles de Televisa, hoy convertido con justicia en uno de los actores fundamentales de la escena lationamericana. Alfredo Castro sigue siendo uno de los actores más versátiles y convincentes del medio nacional, sino el más, y Luis Gnecco, en el que ha sido SU año (aparte de No lo podemos ver luciéndose en pantalla en Paseo de Oficina –la comedia con que Roberto Arigoitía pretende desmarcarse de la comedia picaresca- y Pérez, así como un papel pequeño pero influyente en el megahit Soltera Otra Vez) encarna en un solo personaje a las distintas personalidades del espectro que contribuyeron a hacer  de la campaña del No no sólo un tremendo golpe a la cátedra en materia publicitaria, del que se sigue hablando en distintas universidades del mundo, sino que además un hito en la vida de muchos que recuerdan Chile La Alegría Ya Viene como uno de las grandes cosas que le ocurrieron en la vida. Y claro, un abundante abanico de secundarios y cameos de todas las índoles (entre ellos el hombre ancla de dicha campaña, Patricio Bañados, y quien a la postre sucedería a Pinochet en la Presidencia, Patricio Aylwin).

Y si bien el final de la historia no está exento de emociones (la entrevista ofrecida por el entonces General del Aire Fernando Matthei reconociendo el triunfo del No, cortando toda posibilidad de desconocer el resultado por las autoridades marca un antes y un después en la vida democrática del país) no quita cierto dejo de amargura. Pues la gran conclusión de esta película es que más allá de una hazaña ciudadana, el triunfo del No el 5 de octubre de 1988 fue, en resumidas cuentas, un tremendo triunfo de una gran estrategia de marketing (a la larga, Pinochet fue vencido con los mismos medios del modelo que su administración impuso). Lo triste es que, a la luz de los últimos resultados electorales, donde nuestro actual presidente sale electo empleando los mismos mecanismos, donde los candidatos ganan sin importar realmente su procedencia, sus principios, metas o antecedentes, sino que por cómo se paran ante un podio, cómo miran a la cámara, o que tan corta es la falda, hace entender que así fue.

Bueno, pudo haber sido peor.

****

NO

Director: Pablo Larraín

Intérpretes: Gael García Bernal; Luis Gnecco; Alfredo Castro; Nestor Cantillana; Antonia Zegers; Jaime Vadell; Marcial Tagle; Pablo Brunetti; Diego Muñoz; Elsa Poblete; Amparo Noguera.

Drama

2012

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

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