The Wall Live 2012: un intento de comentario

Han pasado más de 48 horas desde que @Alexa_Wolf y yo estuvimos en el debut de Roger Waters The Wall Live en Chile y, honestamente, aún me cuesta procesar semejante impacto. Por eso mismo, este comentario ha sido realmente complejo de preparar, por cuanto separar la mirada objetiva de la mirada del fan me ha resultado por lo menos imposible.

Pero bueno, aqui van algunas de mis razones de porqué las presentaciones del viernes 2 y sábado 3 de marzo pasados en el Estadio Nacional deben ser consideradas el mayor evento musical del 2012.

-Porque, como dije en una columna hace un par de años atrás, Pink Floyd The Wall marca, por un lado, el fin del rock progresivo más clásico, y por otro, el fin de Pink Floyd como lo conocimos. Y por cuanto se trata de un trabajo tan monumental como complejo que, como no puede ser de otro modo, por algo es un clásico. Y vaya lo bien ha sabido envejecer este disco.

-Porque para haber sido originalmente publicado como el trabajo de una banda, y tenga algunos temas coescritos, lo cierto es que The Wall es y será la obra de un autor individual, y a la vez director escénico y musical de su propia obra.

-Porque para ser un trabajo fundado en las obsesiones y fobias personales de su autor, lo cierto es que tiene un contenido social y político innegable. No en vano, durante el movimiento estudiantil, al que Waters declaró apoyar abiertamente durante su estadía en Santiago, las referencias a The Wall, su música e iconografía, fueron frecuentes.

-Porque, en lo estrictamente musical, fuimos testigos de un evento, en una sola palabra, majestuoso. Un escenario diseñado por Mark Fisher, el arquitecto de las grandes estrellas de la música (U2, Madonna y los Stones son algunos de sus clientes habituales), consistente en una pared blanca que cruzó de un lado a otro la cancha del Nacional, pantallas LED, fuegos artificiales, animaciones tradicionales (para momentos clásicos del disco como Empty Spaces/What Shall We Do Now y The Trial) y en 3D y marionetas a destajo que dejaron la vara muy alta para cualquier otro evento que se venga, y puso en real vergüenza a ciertos festivaluchos televisivos (donde se dan el lujo de ningunear a Morrissey sólo porque ni les siguió el juego ni lo supieron procesar).

-Porque saqué como conclusión que la película dirigida por Alan Parker en 1982 la hicieron como, según nos hicieron creer, una manera de acercar a la gente una obra difícil y cara de montar, ahora la veo como un pobre sucedáneo de una creación que merecía algo mejor. Y Waters, con esta gira, revaloriza y hace aún más grande su propia creación.

-Porque cuando uno queda K.O. tras presenciar In The Flesh, tema de apertura del show, y en lugar de tirar la toalla queda pensando “weón, que viene ahora?”, es señal de que la cosa sólo puede ser mejor.

-Porque si un hijo mío hubiera estado en el coro de Another Brick in The Wall, no daría más de orgullo.

-Porque fue genial leer en la pared un gran “NiCagando” cuando se pregunta si debemos confiar en los gobiernos, en un verso de Mother.

-Porque la nueva versión de Goodbye Blue Sky me dio más miedo que la original. El enemigo es el mismo, sólo cambió de estrategia.

-Porque en la mitad del segundo acto la obra llega a su mejor momento con Confortably Numb, acaso la mejor canción de Pink Floyd y una de las imprescindibles del siglo XX.

-Porque nunca se me pasó por la mente lo discothequera que es Run Like Hell, otra de las grandes secciones del show.

-Porque los Martillos Marchantes y las Fucking Flowers fueron secuencias tan esperadas como el mismo Waters. Y aplaudidas.

-Porque se agradece que un personaje público no tenga problemas en reconocer su posición política, sobre todo en estos tiempos. Los Bunkers primero, Waters ahora. Aunque a la prensa se le hizo tratar a tío Roger de la misma forma que a los Bunkers (un párrafo sobre su show en Viña, opacados por la “excelente y original” rutina de los Atletas de la Risa en Viva DiFacho). Pero bueh, estamos en Piñeralandia.

-Porque Waters fue a ver a Piñera y durante los dos shows no pasó absolutamente ninguna desgracia, más allá de las normales. Ergo, Waters es más fuerte que el yeta. Es más, lo emplazó a escuchar a su gente más seguido al término del segundo show. Trágate esa, brazitos cortos.

-Porque me di el gusto de gritar “Hinz…Peter…Leave Aysén Alone!” y aunque nadie lo notó, la sensación de agrado no me la quita nadie.

-Porque al día siguiente del show sientes que ya lo has visto todo y no necesitas nada más.Y en vez de deprimirte, te sientes muy bien.

-Porque una vez más piensas que en vez de botar 100 lucas en ver bandas que no conoce nadie en esos megafestivales que se vienen en el año (Lollapaloser, Maquinaria…insultos en 3, 2, 1…), terminas por agradecer haber visto un espectáculo como éste y, más importante aún, sentirte parte de un pedazo de la historia.

-Porque los que crecimos escuchando a Pink Floyd lo hicimos guardando el deseo frustrado de no haber podido apreciar la magnitud de The Wall en vivo…hasta el fin de semana pasado. Y sentir que la espera de más de veinte años valió totalmente la pena.

fretamalt@hotmail.com @panchocinepata

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