el tiempo pasa, las grandes cosas quedan

1980.

Mientras el país vive un momento crucial en su historia, la más que segura obvia aprobación de una nueva Constitución, el adolescente Matías Vicuña, estudiante de tercero medio, no sabe donde está. Ni a donde se dirige. Ni quiere saberlo.

Para Matías, recién llegado de su viaje de estudios a Brasil, la vida se restinge al alcohol, las drogas, alucinógenos, sexo fácil, el desenfreno. Sin embargo, incluso eso parece resultar insuficiente para llenar el enorme vacío en que se encuentra el muchacho. Sumido en un abismo cada vez más ancho y profundo, el tiempo para que Matías intente escapar del colapso se hace cada vez más escaso, así como sus opciones de salvarse…

Fue hace 20 años que se produjo un evento que cambió para siempre la literatura chilena.

La publicación de Mala Onda (inicialmente por Planeta, hoy por Alfaguara), la primera novela de Alberto Fuguet, marcó un antes y después de una narrativa más entregada a la novela de época, al abuso del realismo mágico, a la escritura con tintes políticos y a esperpentos supuestamente juveniles pero escrita por autores casi de la tercera edad y con códigos obsoletos (creo que me odiaron cuando dije que Palomita Blanca me asqueó, y aún deseo ver a su autor hirviendo en aceite) que difícilmente podría, ya en esa época, marcar identidad con su target.

Y aunque se ganó el odio y la repulsión de un amplio sector de la intelectualidad (intelectrollidad) local por su uso de un lenguaje casi coloquial, poblado de modismos menos solemnes, menos pomposos, pero más reconocibles, lo cierto es que Mala Onda vino a llenar ese vacío: aparecía por fin una novela con la que un lector sub 17 podía sentir de cerca (esto era mucho antes de Potter y de la familia Cullen), no sólo por la temática y el lenguaje empleado, sino por provenir de un autor que, aparte de pertenecer a una generación próxima, sabía de qué estaba hablando y cómo decirlo.

El tiempo terminó por hallarle la razón a Fuguet. Que la carrera y “credibilidad” de uno de sus principales críticos, Ignacio Valente (una suerte de curahasbún de las letras, es decir, conservador, facho y venenoso, que despedazó Mala Onda, en una columna cuyos extractos fueron a la postre la mejor publicidad del libro, que en pocas semanas logró las 30 mil copias) se haya ido a pique tras su comentario, es prueba fehaciente de ello.

 Alberto Fuguet, 20 años atrás

Y si bien aún hay quienes le hacen la cruz a AF por “extranjerizante”, por “norteamericanizar algo tan latinoamericano como nuestra narrativa”, lo cierto es que ninguno de estos críticos ha sido capaz de lograr lo mismo que Fuguet, en orden a cambiarle la cara a la literatura, más allá de la cantidad de ejemplares vendidos. Fuguet demostró que se puede hacer buena literatura con el lenguaje de cualquier hijo de vecino, sin necesidad de hablar como criollo en plena Colonia. Seguro que estos críticos nunca oyeron hablar de Salinger, de Bret Easton Ellis, Welsh o Hornby (a quienes, cuando éstos comenzaron a ser venerados en Europa y EEUU por los mismos motivos, de inmediato comenzaron a prenderles velas)

Se me ocurre a mi, que la mala onda, valga la redundancia, con AF no es tanto por lo que escribe, por sus aptitudes literarias, sino que los hechos a los que se refiere. Hasta entonces, los excesos en las juventudes ABC1 eran un tema tabú, y Fuguet simplemente los echó al agua. En Plaza Italia, los escolares también hacen la cimarra, beben hasta quedar hechos bolsa, se drogan y tienen sexo de locos, de repente hasta más que hacia el poniente. Quizás les molestó saber que eso realmente pasa…o que el resto del país lo supiera.

Como fuera, a 20 años de su publicación, recientemente reeditado en una edición de tapa dura presentada en la más reciente FILSA, la experiencia de Mala Onda, de su lectura sigue siendo tan fresca y reconfortante. Por mucho que trate sobre una época que para el lector sub 17 equivalga a la prehistoria, sigue siendo una narración que no lo va a dejar indiferente. Y es esa capacidad de congeniar con un grupo etáreo tan lejano para su autor es lo que lo tiene convertido en quizás el último gran clásico de la literatura nacional.

PROXIMAMENTE….CINEPATA AWARDS 2011…lo más destacado del cine, televisión, música y libros del año que se va, desde la óptica de uno como usted.

fretamalt@hotmail.com @panchocinepata

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3 Respuestas a “el tiempo pasa, las grandes cosas quedan

      • No tengo intenciones de “trollear” (ni de usar ese tipo de palabras, estoy cerca de los treinta y esos neologismos no me vienen) sino de manifestar una disidencia. Comparando la crítica de Fuguet con otra de alquien que sí leyó el libro http://solgarcia.wordpress.com/2010/05/28/la-nina-patti-smith/ la soberbia (o ignorancia) del escritor se hacen evidentes.
        Del Editor: puta, gracias…tengo más de 30 y lo más bien que uso esos neologismos…o sea para tí soy un imbécil por eso? (en todo caso, como si me importara)
        Lo más gracioso es que tu reclamas tu derecho a disentir, pero tratas de soberbio e ignorante a alguien que no comparte tu apreciación…algo no me cuadra aqui.
        Y este será el último comentario tuyo que me doy el tiempo de responder. El próximo será rechazado de plano, OK?

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