de frío, nada

Estuvimos el pasado lunes 16 en una de las últimas funciones en Chile de Disney on Ice: Aventura en Walt Disney World, y eso me hizo darme cuenta que no es bueno dejarse llevar por los prejuicios. Cuando @Alexa_Wolf me propuso ir, debo confesarlo, tenía mis aprehensiones.

Aprehensiones que volaron ni bien se encendieron las luces de la pista, y se abrió el telón presentando a Mickey, Minnie, Donald, Goofy y al resto de la pandilla de personajes clásicos de Disney.

Fue ahí donde me cayeron un par de tejas.

La primera: es Disney, el universo fantástico surgido y/o recreado por la mente de una de las personalidades más creativas e influyentes del siglo XX. Difícilmente hablaríamos de animación, de industria del entretenimiento de no haber sido por visionarios como el tío Walt. Uno puede no ser fanático de la colección Disney, pero el que niegue los méritos de este creador, dése la cabeza contra una roca, por bruto. Por lo demás, todos hemos pasado nuestra más tierna infancia con los personajes Disney, universo que, como pocos, ha sabido reinventarse y mantenerse en la cresta de la ola sin matar personajes, por el contrario, sumando nuevas caras. Que lo digan no más los niños que hoy rayan la papa con personajes tremendos como Phinneas y Ferb, nuestros sobrinos de 5 y 3 años dan fe de ello.

La segunda: el altísimo nivel de producción presentado a lo largo de la hora y veinte que dura el show, dividido en dos actos, el tremendo despliegue visual que sin embargo no se come a las varias decenas de artistas en escena, todos altamente calificados para participar en un exigente espectáculo donde nada ha quedado al azar, con el fin de dejar al público de todas las edades con la boca abierta.

No es para extrañarse. Si la marca Disney es tan poderosa, la más grande quizás en la industria del entretenimiento no es por mera casualidad, sino por un trabajo constante y disciplinado, que en esta oportunidad tuvo como protagonistas a Los Increibles, nuevos integrantes del mundo Disney On Ice, consolidando la fructífera relación entre ésta y Pixar, ahora en sus eventos en vivo (como ya pasó con Toy Story y Nemo).

Ver esta pista de hielo en pleno centro de Santiago, los tremendos efectos especiales y de luces, la habilidad y casi coordinación casi fantásticas de los patinadores en escena, y uno que otro guiño para los padres que son quienes al final pagan la entrada y compran kilos de souvenirs (hasta el pop corn decía (c)Disney)*, hacen de este show una jornada inolvidable para grandes y chicos, sin importar razas, nacionalidad o condición social. Para lo que cobran hoy en día los productores por un show en vivo, este estaba al alcance de cualquier vecino.

Y no menos importante, uno queda con ganas de más, preguntándose cuando volverá y con qué sorpresas (exijo a Timón y Pumba!!!, aprovechando el reestreno de El Rey león en 3D)

En resumen, un espectáculo de calidad superior que permite disfrutar y/o volver a la infancia por 80 minutos, con la magia de un universo de fantasía que está muy lejos de desaparecer, y que las próximas generaciones seguirán disfrutado. Queda Disney para mucho

*¿O acaso creían que el baile de Mr.Increíble era para niños?

fretamalt@hotmail.com fjretamalt@gmail.com twitter.com/panchocinepata twitter.com/Alexa_Wolf

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