Sucedió en Pueblo Breve

un poco de fanfiction…

A principios de la década de los setentas, Juan y Marta administraban una pequeña granja en los campos cercanos a Talca, en la olvidada localidad de Pueblo Breve. Si, tal como se lee. Parece chiste, pero así se llamaba, y no era para nada una exageración, ya que el poblado apenas si tenía un kilometro y medio de longitud. Es un milagro que aparezca en el mapa.

 

La granja apenas producía los productos necesarios para proveer el almacén que Juan tenía a orillas de la carretera Panamericana, donde llegaban otros lugareños, para comprar sus provisiones. Ya fuera frutas, huevos de campo, el pan amasado que Marta horneaba diariamente. A veces se dejaba caer alguno que otro camionero o viajero para conversar un café (Juan tenía la gracia de ser un buen anfitrión) o bien para probar un sandwich en el pan de Marta.

Tan pequeña era la producción de la granja, que ninguno de los grandes latifundistas de la zona, incluido el industrial Leonel Luco, acaso el hombre más rico de la séptima región, parecía interesado en absorver el predio, así como tampoco la Reforma Agraria, que había arrasado con casi todo el campo chileno, devolviendo la tierra a quien la trabaja, parecía realmente interesada en este predio.

Cierto día, Juan le prestó a Marta su camioneta para ir a Talca, para algunas diligencias personales, por lo que ella dejó a su marido en el almacén, y se dirigió rumbo al sur. No volvió hasta bien entrada la tarde. Era el invierno de 1973, mediados de agosto, así que oscurecía temprano. Así, Marta pasó a buscar a Juan para partir rumbo a casa.

Pocos metros antes de llegar, sintieron un ruido en el cielo.

Sabían que las cosas en el país no estaban de lo mejor en ese entonces, y no les era desconocido el hecho que entonces se producían muchas tomas de terrenos, en pleno campo, para forzar al gobierno de la Unidad Popular para expropiar el predio y luego distribuirlo entre los trabajadores, movimientos que se reprimían por la fuerza pública, de manera cada vez más violenta. Pero por sus alrededores ya no quedaba ningún predio por expropiar, por lo que un helicóptero en la zona, a gran velocidad, no vendría al caso. De todos modos, no era un helicóptero lo que se venia. Más parecía una estrella fugaz, cayendo desde el firmamento hacia…la parte trasera de su granja.

Explosión.

La pareja descendió de su camioneta y corrió hacia el pequeño granero que ocupaba el patio de atrás, sin tiempo de recoger agua o una manguera para parar el siniestro. Sin embargo, pese al resplandor previo, en el patio no había ni rastros de fuego alguno. Ni nada que no debiese estar ahi.

Salvo la cápsula.

Juan tomó la escopeta antes de acercarse a la cápsula, seguido de Marta quien iba aferrada a su cuerpo, temblorosa.

Juan abrió la cápsula, apuntó…pero no alcanzó a disparar. Justo a tiempo, se detuvo, al ver lo que el artefacto guardaba en su interior.

Un bebé.

A los pocos minutos, en el interior de la casa, y aunque a Juan no le convencía mucho la idea, Marta ya se había encariñado con la criatura, ese niño del que no tenían idea de donde provenía ni que hacía en ese aparato. Tanto, que en poco rato armó una cuna para el bebé, lo baño y envolvió en una olvidada frazada.

Esa noche, Juan no pudo dormir pensando en el bebé. En como fue que llegó a su patio. En los dos embarazos frustrados que Marta tuvo a los pocos años de casarse. En su propio deseo de ser padre.

A la mañana siguiente, Juan habló con Marta. Le propuso ir algo más tarde ante el juez de menores del local, viejo conocido suyo, que debía a Juan un viejo favor jamás pagado. Le pediría ayuda para adoptar al bebé lo más rápido posible. Con la situación en la que el país se encontraba, lo último que quería este juez era quedarse con un compromiso de esta naturaleza pendiente, así que hizo el trámite lo más rápido posible.

Para principios de septiembre, el niño ya tenía familia. Le llamaron Claudio.

***

Pronto Claudio comenzó a ir al jardín, en pleno centro de Pueblo Breve. Ahí conoció a su primera amiga, quizás la única que lo acompañaría en todo momento. Lina, una tierna niña hija de unos vecinos medio hippies del pueblo, y fue con ella que Claudio comenzó a conocer el mundo.

A los pocos años, se separaron, al menos físicamente. Lina comenzó a estudiar en el liceo de niñas de Pueblo Breve, mientras que Claudio pasó al liceo de hombres, donde rápidamente hizo amistad con Pedro Rosas, hijo de un pequeño empresario de la zona, y con Alejandro Luco, hijo del industrial Leonel Luco, como ya hemos dicho. Alejandro era un tipo extraño: tenía muy buenas notas,especialmente en los ramos científicos, y se le consideraba uno de los alumnos más brillantes no sólo del liceo, sino que de toda la Séptima Región, pero a la vez era un muchacho retraído, parco y poco sociable. Miraba en menos a sus compañeros por provenir en su mayoría del campo, y en menor medida de familias de sectores trabajadores. No solo eso, además consideraba que todos, incluso sus profesores, eran tarados. Abandonó el liceo y la ciudad poco antes de cuarto medio.

Claudio comenzó a destacar en deportes. Agil y rápido, jugaba en el medio de la selección de fútbol del liceo, pero no contento con eso, además aprovechaba su altura (Claudio pegó el estirón mucho antes que sus compañeros) para jugar básquetbol. Y era bueno. Rangers de Talca y Español lo querían en las filas de sus equipos de fútbol y básquet, respectivamente, pero Claudio tenía claro lo que buscaba en la vida: llegar a la universidad por sus notas, por sus sesos, no por sus músculos.

Sin embargo, Juan y Marta comenzaron a ver ciertas cosas en Claudio que llamaron su atención.

Como aquella vez que Claudio, muy niño, fue a buscar una pelota en el patio del vecino, siendo embestido por un perro bravo. Salvo algunos raspones en la ropa, Claudio salió indemne del ataque, pero el can perdió parte de la dentadura, un ojo y se rompió las patas delanteras.

O el día en que Juan, cambiando la llanta de un tractor, casi fue aplastado por éste. Ese “casi” fue Claudio, de siete años, que afirmó el vehículo con las manos.

O la vez que Claudio ayudó a Marta a encontrar las llaves del camión guardadas en la alacena. Sólo que él estaba en el granero.

¿O sería acaso aquel día en que Claudio corrió tan fuerte tratando de alcanzar el bus a Talca que alcanzó una velocidad inimaginable? Tanto que casi llegó antes que el vehiculo a la ciudad. Tanto que no alcanzó a ver que estaba el puente Lircay sin poder frenar…pero en vez de caer a las aguas del río…se elevó.

O aquella noche en que, al volver de una fiesta en el colegio, vio a dos individuos, de anteojos oscuros golpeando a un vecino suyo, mismo al que creían perdido por esos mismos días. En minutos redujo a los tipos de anteojos, fundió las pistolas de éstos con sólo mirarlas (luego de haber recibido disparos desde estas armas, que rebotaron en su pecho como mosquitos) y dejó inconscientes con sólo unos pocos y débiles golpes.

***

A principios de los años 90, Claudio ya había rendido la prueba de aptitud y había conseguido entrar a periodismo en Santiago, luego de ponderar casi ochocientos puntos. Y aunque no quería depender de sus aptitudes deportivas, éstas le ayudaron a ganar becas de alimentación y hospedaje. Por su parte, el pequeño almacén de Juan y Marta había crecido bastante, y como nunca antes, pues ahora contaban con una cabaña para el almacén, y otra contigua, para el café, atendido por personal formado por algunos vecinos de la zona.

Todo ello mientras Lina y Pedro conseguían un bachillerato en la universidad local.

Poco antes de partir, Juan llevó a Claudio a un rincón de la granja. Y tras tomar aire, contó a su hijo todo lo que he relatado a ud. hasta ahora.

Claudio estaba anonadado. No es de extrañar, a nadie le dicen que fue encontrado en una cápsula que cayó del cielo y aguanta de pie.

Sin embargo, su vida había sido tan extraordinaria que no podía sino creer en cada palabra que Juan le dijo.

Claudio no pudo sino agradecer tantos años e preocupación. A su juicio, Juan y Marta no tenían porqué haberlo ayudado, menos en la situación que el país atravesaba entonces, y sin embargo lo hicieron inculcándole todo el amor que un padre y una madre pueden dispensar a los suyos. Como una forma de retribución, prometió que usaría estos poderes y habilidades extraordinarios de que contaba para hacer el bien, sin mirar a quien.

***

Con los años, Lina volvió a Pueblo Breve, para hacerse cargo del desastroso manejo de su granja por sus familiares. Algo de contabilidad aprendió en el bachillerato y resolvió la situación, aunque no sin dificultad, pero con suficiente tiempo como para preocuparse, además, de los negocios de Juan y Marta, a quienes considera sus segundos padres.

Pedro se recibió de abogado y hoy es un influyente y respetado diputado. Su próximo paso es el Senado.

Alejandro volvió a la vida pública cuando pasó de ser un mero ingeniero de una pequeña empresa de aeronáutica civil en el dueño de la mayor fábrica de aviones del continente. No sólo eso, pronto adquirió diarios, canales de televisión y hasta equipos de fútbol. Hay quienes sospechan de sus verdaderos móviles, pero a los ojos del mundo, es el hombre más rico e influyente de todo Chile. El único que puede guapearle y quedar vivo es Bruno Urriola, el farandulero dueño del holding Urriola, de quien se dice que si fuera menos mujeriego sería el hombre más poderoso de todo el continente. El nombre de Alejandro Luco suena fuerte incluso a nivel político. Se dice que podría ser presidente de la república en algún momento.

Y Claudio…bueno, un día cruzó la puerta de El Universo, el más importante diario chileno, con una historia exclusiva sobre ese extraño hombre volador que ha estado evitando asaltos, crímenes y accidentes. Claro, Lorena Lagos, la reportera estrella del diario lo odió por quitarle la entrevista, pero con los años, han aprendido a soportarse y a entenderse,. Y a ayudarse. Y quizás a que más.

Todo esto lo cuento sólo para que sepan su historia, y quería compartirla con ustedes. Porque, claro, no todos los días se conoce a un hombre extraordinario. Y, conociéndolo desde hace algunos años, les puedo asegurar: Claudio lo es.

Jaime Olmos

El Universal, 11 de noviembre de 2010. Bloque A. Página 13

fretamalt@hotmail.com fjretamalt@gmail.com twitter.com/panchocinepata

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2 Respuestas a “Sucedió en Pueblo Breve

  1. Muy entretenida manera de empezar la mañana, gracias por el relato que nos muestra una forma muy particular de ver una historia ya conocida por todos y lo más ingenioso adaptada a nuestra realidad jejejejeje, además se le agrdece que usara mi nombre para su personaje, de verdad dije Ooooohhhhhh que wena¡¡¡¡¡¡ cuando lo leí.
    Abrazos compadre…
    Hágase una con Batman ahora… 🙂

  2. a Batman le tengo echado el ojo hace tiempo, por razones obvias. De repente se me ocurre por ahi alguna ambientada en una lejana galaxia…(conocemos a los buenos, a los malos pero…y los que quedan al medio, que?) solo pido paciencia.
    Me alegro que le haya gustado pues.

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