de rey a rey

Otra del baúl…en 1986, con ocasión de publicarse el ejemplar N° 400 de Batman, DC Comics publicó una historia de 64 páginas llamada Noche de Resurrección…que a decir verdad era bien ahí no más. Pero lo que salva a ese ejemplar de la hoguera fue su introducción encargada nada más ni nada menos que al rey…Stephen King, cuyo texto reproduzco a continuación

Por Qué Elijo a Batman

 

Cuando era pequeño había ciertas preguntas que aparecían y tenían que ser respondidas… o al menos formuladas, al resultar imposible encontrar una respuesta concluyente.
Estaba la pregunta de por que todos los personajes de Disney usaban guantes; o si existía o no una colección completa de la serie verde de las figuritas de David Crockett (las rojas eran fáciles, pero las verdes eran extrañamente escasas); o si sería posible aparecer en China boca abajo si uno atravesaba la Tierra cavando un pozo.
Estas preguntas formuladas y contestadas una vez que uno estaba demasiado cansado para seguir nadando en el arroyo y se tiraba en la playa.
Y una de esas era ésta: ¿Quién te gusta más, Superman o Batman ? Yo siempre elegía a Batman .
Creo que algunos de mis amigos de la infancia ya no recuerdan ni las historietas ni la pregunta, pero a mi me complace decir que nunca crecí del todo, solo me creció el pelo en varias partes de mi cuerpo y un sentido de responsabilidad en el corazón, y tengo amigos que hicieron lo mismo: amamos a nuestras mujeres e hijos, hacemos nuestro trabajo, pero también seguimos leyendo historietas. Y yo sigo eligiendo a Batman. Esto no quiere decir que no me guste Superman; permitanme tranquilizar a todos los que estén clamando por mi sangre (incluyendo editores, guionistas y entintadores que darían sus vidas, su honor y sus sagrados cheques para proteger la imagen y el buen nombre del Hombre de Acero) me gusta muchísimo. No podría no gustarte porque era un buen tipo (y, contrariamente a lo que creen algunos cínicos tanto entonces como ahora, los chicos sienten una atracción natural por los buenos… Gracias a Dios), porque tenía todos esos grandes poderes, porque tenía ese atractivo conjunto de enemigos con quienes combatir (incluyendo a ese duendecito del nombre impronunciable, -que nosotros solíamos pronunciar “Mixtaplik”- y que para mandarlo a la cuarta dimensión había que engañarlo para que dijera “Kilpatzim” o algo así), porque tenía amigos geniales (como Perry White , que era J. Jonah Jameson mucho antes de que cierto lanza-redes se graduara de los pañales a los pantaloncitos de entrenamiento).
Pero había algo en Superman que siempre me resulto un poco… déjenme ver. No decepcionante, no es eso lo que quiero decir, pero… esperen, ya lo tengo: Facilón. Para mí era demasiado fuerte, demasiado capaz, tal vez porque yo era un chico que usaba anteojos gruesos o tal vez porque el concepto de la invulnerabilidad lo hacía parecer un héroe que tenía una ventaja injusta (ser bueno debería ser siempre mas difícil que ser malo). Tomemos, por ejemplo, el super-aliento: ¿Es justo poder devolver a Metrópolis a su lugar de un soplido después de que Lex Luthor la mandara al Atlántico con unos jets de energía nuclear? Tal vez si, pero a mi no me convencía el concepto. Tenia su talón de Aquiles, por supuesto, pero era (al menos hasta que los editores empezaron a liar las cosas con la Kriptonita roja, Kriptonita amarilla y casi casi con la Kriptonita de pistacho) muy pequeño.

Batman en cambio, era solo un tipo.
Un tipo rico, si.
Un tipo fuerte, seguro.
Un tipo inteligente, sin duda.
Pero… no podía volar.

Creo que eso definió mi preferencia mas que nada. Recuerdo la publicidad de la primera película de Superman (¿se acuerdan de la primera película de Superman, allá cuando el mundo era joven y los dinosaurios caminaban por la tierra?), esos que decían “USTED CREERA QUE UN HOMBRE PUEDE VOLAR”. Bueno, yo no me lo crei. No en la película y para nada en las historietas (irónicamente, donde mas estuve a punto de creerlo fue en la serie de TV). Pero cuando Batman se tiraba por una soga hacia la guarida del Joker o impedía que el Pingüino soltara a Robin en un tanque de grasa hirviendo mediante un Batarang bien lanzado, yo me lo creía. No eran cosas probables, lo concedo abiertamente, pero eran cosas posibles. Yo podía creer en una Cruzado Enmascarado que se colgaba de sogas, tiraba Batarangs con una precisión letal y conducía como Richard Petty llevando una mujer embarazada al hospital.
El super-aliento era difícil de creer, pero un tipo que llevaba un pequeño compuesto disolvente (para esas molestas sogas con las que los rateros insisten en atarnos) en un bolsillo de su cinturón utilitario, una poderosa linterna en otro y una útil y rápida anestesia en otro (Batman ponía a dormir a la gente con dardos tranquilizantes antes de que realmente se empezaran a utilizar para sedar animales y personas)… Bueno, esa clase de tipo era mi clase de tipo. Aunque eventualmente le dieron su propia revista, era y sigue siendo con “Detective Comics” que Batman está más asociado en mi mente. El era un auténtico detective: al negársele todas las características divinas y la supuesta inmortalidad de los Super-héroes, esos dioses del olimpo modernos, tenía que ser un detective. No podía contar con el super-aliento para devolver a Gotham City a su lugar correcto después de que el crimen ocurriera: tenía que atrapar al Acertijo o al villano que fuera antes de que pudiera encender los cohetes nucleares. Como Sherlock Holmes , Batman buscaba los rastros dejados por los maleantes; tomaba huellas digitales; recogía cabello de la escena del crimen y hacía interrogatorios. Llevaba archivos -también Holmes- del modus operandi de varios criminales. Buscaba patrones, sabiendo -cómo todos los grandes detectives- que si puede encontrar un patrón, se puede estar ahí, esperando al criminal en su próxima parada. Batman vivía de su ingenio, combatía y desarmaba -a veces brillantemente- a algunos de los mas grandes villanos jamás creados, impedía todo, desde masivos robos de joyas a planes para secuestrar perros… y a la vez se las arreglaba para vivir otra vida al mismo tiempo, la de Bruce Wayne , prominente filántropo. Reunía dinero, en los sesenta elevo su conciencia social y hasta tenía un crío como protegido, Dick Grayson . Ah… y otra cosa. Tal vez el verdadero motivo por el que Batman me gustaba mas que el otro tipo.

Había algo SINIESTRO en el.
Así es. Lo que han oido.
SINIESTRO .


Como La Sombra y el Caballero Luna , como un vampiro, Batman era una criatura de la noche. Oh, si, cada tanto se lo veía combatiendo el crimen de día, pero era mas que nada una silueta en las sombras o un hombre-cosa de gesto adusto atravesando una ventana a altas horas de la madrugada, con su capa flotando a su alrededor como una gran sombra. En esas viñetas en que Batman irrumpía, uno veía casi siempre una horrenda clase de miedo en las caras de los matones a los que estaba a punto de tirar por el water, y yo siempre me sentí fuertemente identificado con esas expresiones.
Si, pensaba yo (y sigo pensando), sentado bajo árbol de mi jardín, o tal vez en el baño, o en el “trono” (o de pequeño bajo las sábanas, con una linterna). Si, eso es, tendrían que tener miedo. Yo seguramente tendría miedo si se me aparece algo así. Tendría miedo aunque no estuviera haciendo nada malo.
La noche era su hora, las sombras eran su lugar; como el murciélago del que tomó el nombre, el veía con las manos, los pies y los oídos. Como Bruce Wayne era alegre, fino, lleno de savoir faire y bonhomía, un tipo fácil de imaginar frente a la chimenea en su biblioteca colmada de libros con una copa de brandy y un bol de Chizitos a mano. Pero cuando la Bat-señal flotaba contra uno de los rascacielos de Gotham (o tal vez reflejada de una nube pasajera), una criatura silenciosa y sin sonrisas emergía de la Bat-cueva . Si le disparabas, sangraba…, si le dabas un buen golpe en la cabeza, se desmayaba (al menos por un rato)… pero nunca, nunca podrías detenerlo.
Desde la cancelación de la bufonesca serie de TV, hasta mas o menos 1982, Batman vivió en un mundo de sombras no solo como personaje sino como personaje de ficción publicado. Hubo un tiempo, no me molesta contárselos, en que recuerdo haber ido a mediados de cada mes a sondear cuidadosamente (y un poco ansiosamente) los quioscos, seguro de que el cruzado enmascarado habría desaparecido, un personaje que simplemente había entrado a ese silencioso salón de la oscuridad a donde otras grandes creaciones como J’onn J’onzz el detective marciano , Plastic Man , Los Halcones Negros , El Capitán Marvel y Turok , se habían ido antes que él. 

Parece que me equivocaba al preocuparme.
Parece que no se puede acabar con un murciélago.
A lo largo de los últimos años, una o dos cosas han estado pasando: o nuevos fans se han interesado en las andanzas de Batman, o algunos de los viejos han vuelto sin hacer ruido. De cualquier forma, el impacto publicitario y las triunfales ventas de “El Regreso del Caballero Oscuro” , probablemente la mejor pieza del noveno arte jamás publicada en una edición popular, parecen haber asegurado el éxito de Batman. Para mi, eso es un gran alivio y un gran placer.
Me gustaría felicitar al Cruzado Enmascarado por su larga y valiente historia, agradecerle por las horas de placer que me brindó y desearle muchos años más de lucha contra el crimen.

Dales duro, grandullón. Que tu Bat-señal nuca falle, que a tu Batmóvil nunca se le acaben las píldoras nucleares que lo propulsan, que tu cinturón utilitario nunca quede fatalmente vacío en el momento incorrecto.
Y, por favor, nunca irrumpas por mi ventana en medio de la noche. Probablemente me de una hemorragia cerebral de tanto miedo…
Y, además, grandullón, recuerda que yo estoy de tu lado.
Siempre lo estuve.

Stephen King, 1986

fretamalt@hotmail.com fjretamalt@gmail.com http://www.formspring.me/PanchoLCinepata

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